
“Vicente Guerrero es un héroe de múltiples facetas: estratega militar brillante, admirado por su valentía y destreza en el combate; hombre de espíritu íntegro, que antepuso el honor, el deber patrio y sus principios incluso al amor por su padre; y, por encima de todo, un republicano leal que jamás cedió ante el intento de comprar su conciencia, ya que solo buscaba el bien para todos, el mayor bien para la patria.”
La historia oficial de México ha exaltado a Vicente Guerrero como uno de los consumadores de la independencia y como el presidente que abolió la esclavitud.
Sin embargo, su figura ha sido también objeto de silencios, distorsiones y exclusiones que revelan las tensiones profundas entre el proyecto republicano y las estructuras de poder heredadas del virreinato.
Guerrero no solo fue un líder militar y político; fue también un símbolo de resistencia popular, de justicia racial, y de republicanismo radical.
Por lo que hablaremos de su vida, su gobierno y su ejecución, para comprender cómo su legado interpela las narrativas dominantes de la historia mexicana
Origen y formación: ¿Un presidente sin educación?
Vicente Guerrero nació en Tixtla en 1782, en una familia de arrieros, comerciantes y armeros. Aunque se le ha etiquetado como “sin educación”, su formación práctica fue excepcional: aprendió a leer, escribir, manejar armas, reparar fusiles, negociar con hacendados y dominar la geografía del sur.
Su origen étnico ha sido descrito como mestizo, indígena o mulato, lo que lo convirtió en blanco de prejuicios raciales por parte de las élites criollas.
Su educación “de campo” lo preparó para la guerra, la logística y la estrategia, y lo conectó con las clases populares. Esta formación no solo fue suficiente para liderar ejércitos, sino también para concebir un proyecto político de nación.
La descalificación de Guerrero como “ignorante” revela más sobre el racismo de sus detractores que sobre sus capacidades reales.
El insurgente irreductible
Tras unirse al movimiento independentista en 1810, Guerrero se convirtió en uno de los principales jefes militares del sur. Luego de la muerte de Morelos en 1815, fue el único líder insurgente que no aceptó el indulto.
Su frase “La patria es primero”, pronunciada cuando su padre le pidió rendirse, se convirtió en emblema nacional.
Durante la etapa de resistencia (1816–1821), Guerrero sostuvo la insurgencia desde la sierra, con tácticas de guerrilla, reorganización militar y apoyo popular. Su alianza con Iturbide en el Abrazo de Acatempan fue estratégica: permitió consumar la independencia, aunque luego se enfrentó al imperio que este instauró.
Guerrero encarnaba la insurgencia popular, mientras Iturbide representaba la independencia pactada por las élites.
El presidente del pueblo
En 1829, Guerrero llegó a la presidencia tras el levantamiento de La Acordada. Su gobierno, aunque breve (ocho meses y medio), fue profundamente transformador:
- Abolió la esclavitud, anticipándose a Europa y América
- Impulsó la educación gratuita y la creación de escuelas públicas
- Promovió la reforma agraria y el desarrollo industrial
- Suprimió fueros militares y eclesiásticos
- Expulsó a los españoles residentes en México
- Fomentó la tolerancia religiosa y el comercio internacional
Este programa liberal y popular lo enfrentó con los conservadores, quienes lo acusaban de representar a “la chusma” frente a los “hombres de bien”. Su gobierno fue atacado no por sus errores administrativos, sino por su origen social, su ideología igualitaria y su amenaza al orden colonial.
La traición institucional
Tras la invasión española de Barradas, Guerrero fue derrocado por su vicepresidente, Anastasio Bustamante. Para justificar su exclusión, el Congreso lo declaró “imposibilitado para gobernar”, sin especificar causas. Se propuso incluso declararlo loco, lo que revela el nivel de desprecio institucional hacia su figura.
En enero de 1831, fue traicionado por el marino genovés Francisco Picaluga, capturado y ejecutado en Cuilapan. Su muerte fue decidida por el presidente Bustamante y financiada con 50 mil pesos oro. Fue un crimen político disfrazado de legalidad, que buscaba eliminar al símbolo más potente del republicanismo popular.
Legado y silencios
Vicente Guerrero fue declarado Benemérito de la Patria en 1833, y el estado de Guerrero fue creado en su honor en 1849. Sin embargo, su figura ha sido marginada en muchas narrativas oficiales. A diferencia de Hidalgo o Juárez, Guerrero ha sido presentado como un “presidente menor”, cuando en realidad fue el único que abolió la esclavitud, enfrentó el racismo institucional y defendió la soberanía popular.
Su historia revela las tensiones entre democracia y oligarquía, entre igualdad y privilegio, entre memoria y olvido. Guerrero no solo consumó la independencia: intentó construir una república para todos, y por eso fue asesinado.
Entre la luz de la emancipación y la sombra de la traición
Vicente Guerrero representa una de las figuras más luminosas y trágicas de la historia mexicana. Su vida interpela los mitos fundacionales de la república, y su muerte revela los límites del poder popular en una nación marcada por el racismo, el clasismo y la traición política.
Recuperar su legado no es solo un acto de justicia histórica: es una forma de pensar el presente desde la dignidad, la igualdad y la soberanía
«Las autoridades se encuentran en todas las clases del pueblo, y donde quiera que parezca el talento y la virtud, allí se descubren los verdaderos títulos de superioridad, y los únicos que causan distinción y preferencia.» Vicente Guerrero Saldaña
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com









