
“La historia no es lo que sucedió. Es lo que se recuerda y cómo se recuerda.” Aleida Assmann
Cada 11 de septiembre, Estados Unidos conmemora el Día de los Patriotas, una jornada nacional de duelo en memoria de las 2,977 personas que murieron en los atentados del 11-S de 2001. La fecha, marcada por banderas a media asta, lecturas de nombres, actos de servicio y discursos presidenciales, se ha convertido en un ritual colectivo que honra a las víctimas y exalta el patriotismo. Pero más allá del gesto conmemorativo, esta fecha nos invita como periodistas, como ciudadanos del mundo, como guardianes de la memoria a una reflexión crítica: ¿Cómo se construyen las narrativas del dolor? ¿Qué vidas se recuerdan y cuáles se silencian? ¿Qué usos políticos se hacen del trauma?
El duelo como dispositivo político
El 11 de septiembre no solo transformó la política exterior de Estados Unidos; también redefinió el imaginario global sobre el terrorismo, la seguridad y la otredad. El dolor legítimo de las víctimas fue rápidamente enmarcado en una narrativa bélica que justificó guerras, invasiones y políticas de vigilancia masiva. El duelo se convirtió en dispositivo político. La instauración del Día de los Patriotas por el Congreso estadounidense en octubre de 2001 no solo buscó honrar a las víctimas, sino también consolidar una arquitectura simbólica de unidad nacional, donde el patriotismo se volvió escudo y el dolor, bandera.
Una fecha, múltiples memorias
Desde América Latina, el 11 de septiembre también evoca otra herida: el golpe de Estado en Chile en 1973, que derrocó a Salvador Allende y dio inicio a una dictadura sangrienta. Dos memorias, dos contextos, dos narrativas. Ambas merecen ser recordadas, pero pocas veces se entrelazan en el discurso oficial. El Día de los Patriotas, entonces, puede ser resignificado como una jornada de reflexión transcontinental sobre el poder, la memoria y la ética del duelo.
Patriotismo y verdad: ¿qué se exalta, qué se oculta?
Exaltar el patriotismo puede ser un gesto legítimo de unidad. Pero también puede ocultar preguntas incómodas:
- ¿Qué papel jugó la política exterior estadounidense en la gestación de los conflictos que desembocaron en el 9/11?
- ¿Cómo se ha utilizado esta fecha para justificar acciones que han causado nuevas víctimas en otras latitudes?
- ¿Qué significa “ser patriota” en un mundo interconectado, herido y polarizado?
Recordar no es repetir. Es interrogar. Es abrir grietas en el relato oficial. Es permitir que la memoria sea también crítica.
Ritualizar el dolor sin instrumentalizarlo
El 9/11 Day of Service, promovido por el Servicio de Parques Nacionales, invita a convertir el duelo en acción comunitaria. Es un gesto noble. Pero también es una oportunidad para pensar en el servicio como forma de justicia, no solo de reparación. Que cada acto voluntario sea también una pregunta ética. Que cada bandera a media asta sea también una exigencia de verdad.
Porque el duelo no debe ser herramienta de guerra. Debe ser semilla de conciencia.
“El dolor es un país sin fronteras.” Eduardo Galeano

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador









