
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.” Groucho Marx
Este martes, el presidente Donald Trump ofreció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas una de las exposiciones más contundentes y reveladoras de su visión del mundo. Para sus seguidores, fue una muestra del trumpismo en estado puro; para sus detractores, una exhibición de radicalismo descontrolado.
Durante casi una hora, Trump recorrió el panorama global, desafiando a sus oponentes y cuestionando instituciones, comenzando por casa. Elogió a Estados Unidos y a sí mismo, asegurando que el país vive una “edad de oro” y reiterando su afirmación de haber puesto fin a siete guerras, mérito que, según él, lo hace merecedor del Nobel de la Paz.
Críticas a la ONU: entre el escepticismo y el desprecio
Trump no escatimó en críticas hacia sus anfitriones. Cuestionó la utilidad de la ONU, acusándola de ser ineficaz y limitada a emitir “cartas enérgicas sin seguimiento”. Reprochó su papel en la gestión de solicitantes de asilo, afirmando que “la ONU debe detener invasiones, no crearlas ni financiarlas”. Incluso se quejó de problemas técnicos durante su intervención, como una escalera mecánica y un teleprompter averiados.
Aunque algunos analistas coinciden en que la ONU enfrenta desafíos estructurales, también señalan que el propio Trump ha contribuido a su debilitamiento, recortando significativamente la financiación estadounidense y forzando al organismo a reducir su labor humanitaria.
Europa bajo fuego: energía, migración y patrimonio
El presidente reservó sus críticas más duras para Europa. Condenó la apertura de fronteras a la migración y la inversión en energías renovables, calificando ambas como amenazas existenciales. “Europa está en serios problemas”, afirmó. “La inmigración ilegal y las ideas suicidas sobre la energía serán su ruina”.
Trump tachó el cambio climático de “la mayor estafa jamás perpetrada” y criticó al Reino Unido por imponer impuestos al petróleo del Mar del Norte. “Si no abandonan la estafa de la energía verde, sus países fracasarán”, advirtió.
Su discurso también reflejó una dimensión cultural: la defensa del “mundo angloparlante” y la protección del patrimonio europeo frente a lo que considera una amenaza migratoria. En este contexto, reafirmó su compromiso con la libertad religiosa, destacando al cristianismo como “la religión más perseguida del planeta”.
Ucrania y Rusia: advertencias y ambigüedades
En cuanto a la guerra entre Rusia y Ucrania, Trump lanzó una advertencia directa a Vladimir Putin, acusándolo de dañar la imagen de Rusia. Propuso imponer “aranceles poderosos” y exigió a Europa dejar de comprar energía rusa, aunque evitó mencionar sanciones a países como India y China, grandes compradores de petróleo ruso.
Más allá del discurso, su publicación en redes sociales fue reveladora: por primera vez sugirió que Ucrania podría recuperar todo su territorio. Describió a Rusia como un “tigre de papel”, una frase que sin duda incomodará al Kremlin.
Sin embargo, su optimismo contrastó con la realidad. Aunque mencionó el apoyo de la Unión Europea y la OTAN, omitió el papel de Estados Unidos, pese a que los expertos coinciden en que Ucrania no podría recuperar territorio sin ayuda militar estadounidense.
Trump en estado puro: nacionalismo, unilateralismo y provocación
El discurso fue una defensa ferviente del Estado-nación y una crítica feroz al multilateralismo. Con afirmaciones polémicas y un tono desafiante, Trump se mostró fiel a su estilo. Hace seis años, su audiencia en la ONU se reía; esta vez, lo escucharon en silencio.
“Soy muy bueno en esto”, dijo a los líderes mundiales. “Sus países se están yendo al infierno”.
“La historia la escriben los vencedores, pero la verdad la preservan los que se atreven a cuestionarla.” Winston Churchill

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com









