
“No se nace mujer: se llega a serlo.” Simone de Beauvoir
Simone de Beauvoir no solo fue una filósofa existencialista de gran influencia en el siglo XX, sino una pensadora que revolucionó la forma en que entendemos el género, la libertad y la opresión. Su obra El segundo sexo (1949) marcó un punto de inflexión en la historia del feminismo, al ofrecer una crítica profunda y sistemática sobre cómo la sociedad ha construido la figura de “la mujer” como una alteridad subordinada frente al hombre. Su legado no se limita a la teoría: es una invitación permanente a la emancipación, a la conciencia crítica y a la transformación social.
Filosofía existencialista y crítica del patriarcado
Beauvoir se formó en la Sorbona, donde destacó por su brillantez académica y su compromiso con el pensamiento libre. Influenciada por el existencialismo de Jean-Paul Sartre, con quien mantuvo una relación amorosa y filosófica, desarrolló una visión del ser humano como proyecto, como libertad en construcción. Esta perspectiva fue clave para desmontar las ideas esencialistas sobre la feminidad.
En el segundo sexo, Beauvoir analiza cómo la biología ha sido utilizada para justificar la subordinación de las mujeres, reduciendo su existencia a funciones reproductivas, roles domésticos y estereotipos de debilidad. La filósofa denuncia que la mujer ha sido construida como “el otro”, como lo distinto, lo secundario, lo dependiente. Frente a ello, propone una ética de la libertad, donde cada individuo —sin importar su sexo— pueda definirse por sus actos, no por su cuerpo.

Literatura, compromiso y militancia
Para Beauvoir, la escritura era inseparable del compromiso político. Su novela Los mandarines (1954), galardonada con el Premio Goncourt, aborda el papel de los intelectuales en la posguerra y refleja su convicción de que pensar es también tomar partido. Durante su vida, se posicionó contra el colonialismo francés en Argelia, la guerra de Vietnam y participó activamente en las protestas del Mayo del 68.
Su feminismo fue militante y encarnado. En 1971, firmó el Manifiesto de las 343, junto a otras mujeres que reconocían públicamente haberse sometido a un aborto, en un acto de desobediencia civil que impulsó la legalización del derecho al aborto en Francia. Beauvoir entendía que los derechos no se conceden: se conquistan.
La vejez, la muerte y la dignidad
En sus ensayos posteriores, Beauvoir abordó temas como la vejez, la muerte y la eutanasia con la misma profundidad filosófica que dedicó al género. Obras como Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1970) y La ceremonia del adiós (1981) revelan su compromiso con una ética del cuidado, la dignidad y la lucidez ante el final de la vida. Su pensamiento existencialista nunca se desligó de la realidad concreta, ni de los cuerpos vulnerables.
Vigencia y legado
Simone de Beauvoir falleció en 1986, pero su pensamiento sigue vivo. Su obra es una brújula para quienes luchan contra la opresión, la desigualdad y la invisibilización. El segundo sexo no es un libro del pasado, sino una herramienta del presente. Nos recuerda que la emancipación no es un destino, sino un proceso. Que la igualdad no se hereda, se construye. Y que la libertad, como ella misma escribió, “es el fundamento de la moral”.
En un mundo donde los derechos conquistados enfrentan retrocesos, donde el cuerpo sigue siendo campo de disputa, y donde la autonomía femenina aún se ve amenazada, el legado de Beauvoir es más urgente que nunca. Pensar como ella es resistir. Es transformar. Es vivir con conciencia.
“Cambiar la vida. Cambiar el mundo. Nada menos.” Simone de Beauvoir



Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com









