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lunes, enero 19, 2026
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Raymond en Guerrero: tormenta, vulnerabilidad y el desafío de la prevención

Los desastres no son naturales: son el resultado de decisiones humanas.” Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED)

La tormenta tropical Raymond, decimoséptimo ciclón de la temporada en el Pacífico mexicano, tocó las costas de Guerrero con una fuerza que, aunque prevista, volvió a poner en evidencia las profundas vulnerabilidades estructurales, sociales y ambientales que enfrenta la región. Con vientos de hasta 95 km/h y precipitaciones acumuladas de hasta 250 mm en menos de 24 horas, Raymond dejó a su paso inundaciones, deslaves, caída de árboles y daños materiales en municipios como Zihuatanejo, Acapulco, Tierra Caliente y otras zonas de la Costa Grande.

Más allá de la intensidad del fenómeno meteorológico, lo que resulta alarmante es la reiteración de un patrón: cada temporada de lluvias, Guerrero se convierte en escenario de emergencias que, aunque atribuibles al clima, tienen raíces más profundas en la desigualdad, la falta de planeación urbana, la precariedad de los servicios públicos y la débil cultura de prevención.

La tormenta como síntoma

Raymond no fue un huracán de gran categoría ni un evento extremo en términos históricos. Sin embargo, su impacto fue desproporcionado debido a la exposición de comunidades enteras a riesgos previsibles. En Zihuatanejo, por ejemplo, la presidenta municipal Lizette Tapia Castro reconoció que en un solo día llovió lo equivalente a dos meses, lo que colapsó el centro de la ciudad. Aunque se destacó la limpieza previa de canales y barrancas como medida de mitigación, los deslaves en colonias de la parte alta y las afectaciones en múltiples comunidades revelan que la infraestructura sigue siendo insuficiente frente a la magnitud de los eventos climáticos actuales.

La pregunta no es solo qué tan fuerte fue la tormenta, sino por qué seguimos siendo tan frágiles ante fenómenos que, aunque naturales en su origen, se convierten en desastres por la falta de políticas públicas integrales y sostenidas.

Gobernanza climática: entre la reacción y la prevención

La gestión del riesgo en Guerrero —como en muchas regiones del país— continúa siendo reactiva. Se activan protocolos de emergencia, se suspenden clases, se despliegan brigadas, se emiten comunicados. Pero la prevención estructural, la planificación territorial y la inversión en resiliencia comunitaria siguen siendo tareas pendientes.

La coordinación entre niveles de gobierno, como la que se dio entre la alcaldía de Zihuatanejo y el gobierno estatal, es necesaria, pero no suficiente. Se requiere una política climática que no solo responda a la emergencia, sino que actúe antes de que esta ocurra. Esto implica desde la reubicación de asentamientos en zonas de alto riesgo hasta la implementación de sistemas de alerta temprana, pasando por la educación ambiental, la protección de cuencas y la regulación del crecimiento urbano.

Crisis climática y justicia territorial

Raymond también debe leerse en clave de crisis climática. El aumento en la frecuencia e intensidad de tormentas tropicales no es casual: responde a un patrón global de calentamiento que intensifica los ciclos hidrometeorológicos. En este contexto, Guerrero —con su geografía montañosa, su litoral expuesto y su desigualdad histórica— se encuentra en la primera línea de impacto.

Pero la crisis climática no afecta a todos por igual. Las comunidades más pobres, muchas de ellas rurales, indígenas o periféricas, son las que enfrentan los mayores riesgos y las menores capacidades de respuesta. La justicia climática exige reconocer esta asimetría y priorizar políticas públicas que protejan a quienes más lo necesitan.

De la emergencia a la transformación

Raymond no debe ser solo una nota más en la crónica de los desastres recurrentes. Debe ser un punto de inflexión. Un recordatorio de que la prevención salva vidas, que la planificación urbana no es un lujo, y que la justicia climática comienza por reconocer la dignidad de quienes viven en la incertidumbre cada temporada de lluvias.

La memoria de cada tormenta debe convertirse en acción. Porque si bien no podemos detener el viento ni la lluvia, sí podemos decidir cómo nos preparamos para enfrentarlos.

“La prevención no es un gasto: es una inversión en vida.” Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR)

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

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