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lunes, enero 19, 2026
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Cempasúchil: la flor que ilumina el camino de la memoria

“La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego.” Gustav Mahler

Cada año, al llegar noviembre, México se viste de naranja intenso y amarillo dorado. Las calles, los mercados y los cementerios se llenan del aroma inconfundible del cempasúchil, la flor más emblemática del Día de Muertos. Su presencia no es casual: desde tiempos prehispánicos, esta flor ha sido símbolo de vida, muerte y reencuentro espiritual. Su nombre proviene del náhuatl cempohualxochitl, que significa “flor de veinte pétalos”, y su color se asocia con el Sol, elemento sagrado para las culturas mesoamericanas.

Los mexicas la consideraban una flor solar, capaz de conservar el calor del día y guiar a las almas de los difuntos hacia las ofrendas. Por ello, se colocaba en altares, tumbas y caminos, formando senderos luminosos que conectaban el mundo de los vivos con el de los muertos. Esta creencia persiste: el cempasúchil no solo embellece, sino que orienta, acompaña y honra.

Más allá de su valor simbólico, el cempasúchil tiene múltiples usos. En la herbolaria tradicional, se le atribuyen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y digestivas.

También se utiliza como tinte natural en textiles y alimentos, y sus pétalos se incorporan en infusiones y platillos típicos, aportando color y un ligero sabor amargo. Su versatilidad lo convierte en un elemento vivo de la cultura mexicana, presente en rituales, medicina y gastronomía.

Sin embargo, el cempasúchil enfrenta desafíos contemporáneos. La llegada de flor importada principalmente de origen chino ha generado preocupación entre productores locales, quienes ven amenazada su economía y la autenticidad de la tradición. Además, algunas especies como Tagetes minuta están en peligro de extinción en ciertas regiones de México debido a la urbanización y la pérdida de hábitat.

Preservar el cempasúchil es preservar la memoria. Comprar a productores locales, conocer su historia, sembrar sus semillas y contar sus leyendas es parte del compromiso con nuestras raíces. Porque cada pétalo encierra una historia, y cada flor es un puente entre mundos.

“La muerte no es el final, sino el principio de la memoria.” Octavio Paz

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

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