
“La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego.” Gustav Mahler
Cada año, al llegar noviembre, México se viste de naranja intenso y amarillo dorado. Las calles, los mercados y los cementerios se llenan del aroma inconfundible del cempasúchil, la flor más emblemática del Día de Muertos. Su presencia no es casual: desde tiempos prehispánicos, esta flor ha sido símbolo de vida, muerte y reencuentro espiritual. Su nombre proviene del náhuatl cempohualxochitl, que significa “flor de veinte pétalos”, y su color se asocia con el Sol, elemento sagrado para las culturas mesoamericanas.
Los mexicas la consideraban una flor solar, capaz de conservar el calor del día y guiar a las almas de los difuntos hacia las ofrendas. Por ello, se colocaba en altares, tumbas y caminos, formando senderos luminosos que conectaban el mundo de los vivos con el de los muertos. Esta creencia persiste: el cempasúchil no solo embellece, sino que orienta, acompaña y honra.

Más allá de su valor simbólico, el cempasúchil tiene múltiples usos. En la herbolaria tradicional, se le atribuyen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y digestivas.
También se utiliza como tinte natural en textiles y alimentos, y sus pétalos se incorporan en infusiones y platillos típicos, aportando color y un ligero sabor amargo. Su versatilidad lo convierte en un elemento vivo de la cultura mexicana, presente en rituales, medicina y gastronomía.

Sin embargo, el cempasúchil enfrenta desafíos contemporáneos. La llegada de flor importada principalmente de origen chino ha generado preocupación entre productores locales, quienes ven amenazada su economía y la autenticidad de la tradición. Además, algunas especies como Tagetes minuta están en peligro de extinción en ciertas regiones de México debido a la urbanización y la pérdida de hábitat.
Preservar el cempasúchil es preservar la memoria. Comprar a productores locales, conocer su historia, sembrar sus semillas y contar sus leyendas es parte del compromiso con nuestras raíces. Porque cada pétalo encierra una historia, y cada flor es un puente entre mundos.
“La muerte no es el final, sino el principio de la memoria.” Octavio Paz


Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com









