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miércoles, enero 14, 2026
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La urgencia de acelerar la transición energética global

La intervención del Secretario General de la ONU, António Guterres, en la COP 30 desde Belém, Brasil, marca un punto de inflexión en el debate climático internacional. Su afirmación de que “la era de los combustibles fósiles está terminando” no es solo un llamado político, sino una advertencia ética y civilizatoria. El planeta enfrenta una crisis que ya no admite dilaciones: el calentamiento global amenaza con superar los 2°C, y con ello desencadenar consecuencias irreversibles para la humanidad.

El discurso de Guterres subraya un contraste inquietante: mientras la inversión en energías limpias alcanzó los dos billones de dólares superando en 800,000 millones a los combustibles fósiles, la velocidad de la transición sigue siendo insuficiente. La paradoja es clara: el mundo avanza hacia las renovables, pero lo hace demasiado lento frente a la magnitud del desafío.

China emerge como motor de esta transformación, concentrando más del 40% del crecimiento solar y eólico global en el último año. Sin embargo, el liderazgo de un solo país no basta. La transición energética debe ser equitativa y compartida, pues de lo contrario se corre el riesgo de reproducir desigualdades históricas. África, por ejemplo, recibe apenas el 2% de la inversión mundial en energía limpia, lo que refleja una injusticia estructural que contradice el principio de solidaridad internacional.

El planteamiento de Guterres sobre las cinco prioridades alinear leyes y políticas, eliminar subsidios fósiles, poner a las personas en el centro, invertir en infraestructura energética y desbloquear financiamiento para países en desarrollo constituye una agenda mínima para enfrentar la crisis. No obstante, el verdadero reto radica en la voluntad política de los Estados y en la capacidad de transformar compromisos en acciones verificables. La “peligrosa brecha de cumplimiento” que denuncia el Secretario General es, en realidad, el síntoma de un sistema internacional que aún privilegia intereses económicos inmediatos sobre la supervivencia colectiva.

La crítica debe ir más allá de la retórica. La transición energética no puede limitarse a cifras de inversión o a promesas de eficiencia; requiere un cambio cultural y político profundo. Implica reconocer que la energía no es solo un recurso económico, sino un derecho humano vinculado a la dignidad, la justicia y la equidad intergeneracional. En este sentido, la COP 30 no debería ser únicamente la cumbre de la esperanza, sino la cumbre de la responsabilidad.

El futuro energético del planeta dependerá de la capacidad de los países para transformar la necesidad climática en oportunidad de desarrollo, como lo señaló Guterres. Pero esa oportunidad solo será real si se construye sobre la base de la justicia social y la cooperación internacional. La transición energética justa no es un lujo, es una condición de supervivencia.

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador

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