«Cuando la tiranía se convierte en ley, la rebelión se convierte en deber.» Simón Bolívar
La historia de Lucio Cabañas Barrientos es inseparable de las profundas desigualdades sociales y políticas que marcaron a Guerrero y a México en la segunda mitad del siglo XX. Nacido en 1938 en uno de los estados más pobres y marginados del país, su vida refleja el tránsito de un maestro normalista comprometido con la educación hacia un líder guerrillero que encarnó la resistencia campesina frente a la represión estatal.
Su formación en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa lo vinculó desde temprano con las luchas estudiantiles y campesinas. Como maestro, se enfrentó a las injusticias de las compañías madereras y a las prácticas autoritarias en las escuelas, lo que lo llevó a organizar protestas en defensa de los más pobres. La represión de 1967 en Atoyac, donde policías dispararon contra padres de familia, marcó el inicio de su vida clandestina y su tránsito hacia la lucha armada.
En la sierra guerrerense fundó el Partido de los Pobres y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, organizaciones que expresaban un ideario de “pobrismo”, más cercano a la reivindicación de los marginados que al socialismo clásico.
Sus acciones expropiaciones, secuestros y enfrentamientos armados buscaban visibilizar la desigualdad y forzar al Estado a reconocer las demandas campesinas. El secuestro de Rubén Figueroa en 1974 simbolizó la confrontación directa entre la guerrilla y el poder político, aunque terminó reforzando la persecución contra los grupos insurgentes.
La guerrilla de Cabañas fue distinta a otras posteriores al movimiento estudiantil de 1968: rural, campesina y profundamente arraigada en las comunidades de Guerrero. Su resistencia durante más de siete años enfrentó una represión sistemática del Estado, que desplegó una cuarta parte de sus efectivos militares en la región. La Guerra Sucia, bajo los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo, se convirtió en un mecanismo brutal de desapariciones, torturas y asesinatos para sofocar cualquier intento de organización popular.
El asesinato de Lucio Cabañas el 2 de diciembre de 1974 en El Otatal Guerrero selló su destino, pero no borró su legado. Su figura permanece como símbolo de la resistencia frente a la represión y como recordatorio de que la lucha por la justicia social en México ha estado marcada por el sacrificio de quienes se enfrentaron al poder en condiciones de desigualdad extrema.
La memoria de Cabañas interpela al presente: ¿Cómo construir un país donde la educación, la justicia y la dignidad no sean privilegios, sino derechos universales?
Su vida y muerte nos recuerdan que la historia de México está atravesada por la tensión entre la represión estatal y la resistencia popular, y que la justicia sigue siendo una deuda pendiente.
«Los que luchan toda la vida son los imprescindibles.» Bertolt Brecht
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com









