
“La violencia es el último recurso del incompetente.” Isaac Asimov
La campaña “Es real, #EsViolenciaDigital” impulsada por ONU Mujeres en el marco de los 16 Días de Activismo contra la violencia hacia las mujeres, pone en evidencia una de las formas más recientes y devastadoras de agresión: la violencia digital. Este fenómeno no es un accidente aislado, sino la prolongación de estructuras patriarcales que han encontrado en las tecnologías un nuevo espacio para reproducirse y amplificarse.

Esta iniciativa revela tres dimensiones centrales:
- La universalidad del daño: ninguna mujer escapa a la violencia digital. Desde adolescentes hasta figuras públicas, todas pueden ser objeto de difamación, acoso, amenazas o difusión de imágenes íntimas sin consentimiento. La supuesta neutralidad de las plataformas tecnológicas se desmorona frente a estadísticas alarmantes: 95% de los deepfakes sexuales en internet representan a mujeres, y 40% de ellas ha vivido violencia digital.
- La resistencia desde la voz de las sobrevivientes: artistas, activistas y defensoras como Ximena Sariñana, Eréndira Ibarra y Olimpia Coral Melo muestran que la resiliencia no es silencio, sino denuncia y acción. Sus testimonios son prueba de que el arte, la comunidad y la legislación son herramientas para transformar el dolor en conciencia colectiva.
- La amenaza de la “machosfera”: comunidades digitales que promueven masculinidades violentas y conservadoras representan un frente de batalla simbólico y cultural. Su capacidad de disfrazar el odio bajo discursos aparentemente inocuos deporte, superación personal, consejos de ligue exige respuestas críticas y pedagógicas que desmantelen sus narrativas.
La campaña de ONU Mujeres no solo visibiliza el problema, sino que invita a la acción: informarse, detectar y denunciar. Sin embargo, el reto va más allá de la sensibilización: implica exigir responsabilidad a las empresas tecnológicas, fortalecer marcos legales como la Ley Olimpia y construir redes de paz que contrarresten las redes de odio.
La violencia digital es real porque sus consecuencias son tangibles: afecta la salud emocional, la seguridad física y la dignidad de millones de mujeres. Reconocerla y nombrarla es el primer paso, pero combatirla requiere voluntad política, compromiso social y una ética digital que coloque la igualdad en el centro.

La violencia digital es un espejo de las desigualdades históricas: reproduce las jerarquías de poder, amplifica los discursos de odio y perpetúa el control patriarcal en un espacio que debería ser de libertad y creatividad. Reconocerla es indispensable, pero no suficiente. La pregunta que queda abierta interpela a toda la sociedad: ¿Cómo transformar los espacios digitales en territorios de igualdad y justicia?
La respuesta exige voluntad política, responsabilidad empresarial y compromiso ciudadano. Implica educar en la ética digital, fortalecer marcos legales, y sobre todo, construir comunidades que privilegien el respeto y la empatía. Solo así podremos convertir la tecnología en un instrumento de emancipación y no de opresión.
“La libertad de la mujer es la medida de la libertad de una sociedad.” Karl Marx
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com









