InicioCienciaComunicaciónAtaques personales y guerra sucia: el costo de entrar en política en Bolivia

Ataques personales y guerra sucia: el costo de entrar en política en Bolivia

*Luis Franco Terceros

“Tu padre es un ladrón. Y tú vas a terminar igual”.

El mensaje apareció en la pantalla del celular de Luis Franco Terceros una tarde a principios de este año durante la campaña electoral municipal de la ciudad de La Paz, Bolivia.

Tenía 19 años, era candidato a concejal y de pronto comprendió que la política boliviana no iba a tratarlo como a un novato inocente. Lo trataría como a un blanco.

Todo había comenzado el 20 de enero de 2026, cuando un frente político le ofreció ser parte de su lista. Franco aceptó casi sin pensarlo.

Reuniones, videos de campaña, desconocidos que lo saludaban en la calle y le pedían fotos.

Era la primera vez que sentía ese peso particular: que alguien esperaba algo de él en el espacio público. 

La sombra del 2019

Para entender los ataques que recibió Franco, hay que remontarse a octubre y noviembre de 2019, cuando Bolivia vivió una de las crisis políticas más profundas de su historia reciente.

Tras las elecciones generales del 20 de octubre, una auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) detectó irregularidades graves en el sistema de cómputo de votos, lo que desencadenó semanas de protestas masivas contra el gobierno de Evo Morales.

El 10 de noviembre, Morales renunció y abandonó el país. La segunda vicepresidenta del Senado, Jeanine Áñez, asumió la presidencia interina el 12 de noviembre de 2019 con el mandato de convocar nuevas elecciones.

El gobierno de Áñez duró nueve meses. Para el Movimiento Al Socialismo (MAS), partido de Morales y del presidente Luis Arce —quien ganó las elecciones de octubre de 2020—, lo ocurrido en 2019 fue un golpe de Estado.

Para quienes apoyaron la transición, fue la restitución de la democracia frente a un fraude electoral.

Esa fractura sigue abierta en la sociedad boliviana, y se convirtió en el terreno donde Luis Franco Terceros tendría que hacer campaña.

El padre de Franco, Eddy Luis, fue gerente general de la empresa estatal de telecomunicaciones (Entel) durante el gobierno de Áñez.

Según su familia, esos nueve meses representaron un período de gestión destacada para Entel.

Cuando el MAS retomó el poder, Eddy Luis fue procesado penalmente.

Estuvo recluido en la cárcel de San Pedro, en La Paz, convertido —según la perspectiva de su familia y de organizaciones de derechos humanos que siguieron el caso— en un preso político.

Golpista

“Pitita” me gritaban, recuerda Franco.

En Bolivia, esa palabra es una etiqueta que identifica a quienes apoyaron el gobierno de transición de 2019, y que el oficialismo utilizó como sinónimo de golpista.

En la calle, en los actos de campaña, la palabra llegaba cargada de odio: “Golpista. Que tu padre devuelva los millones de Entel”.

Los insultos verbales fueron solo el prólogo.

Poco después, recuerda Luis, cuentas anónimas en redes sociales comenzaron a publicar videos que atacaban directamente a su padre.

Las publicaciones acumulaban miles de visualizaciones. En los comentarios, el apoyo se dividía.

Luis Franco, presentando noticias.

San Pedro

Luis Franco Terceros pasó su cumpleaños, la Navidad y el Año Nuevo dentro de la cárcel de San Pedro. No como recluso: Como hijo.

Iba a visitar a su padre. Esas fechas quedaron grabadas con un filo particular, y cuando los videos de campaña sucia comenzaron a circular, las heridas que creía cicatrizadas volvieron a abrirse.

“Era una puñalada al corazón”, dice.

“Son recuerdos que traté de cerrar. Los abrieron con un video de ataque directo”.

Cuando las acusaciones sobre su padre no generaron el efecto esperado —porque muchos usuarios salieron a defenderlo— la estrategia cambió.

Aparecieron difamaciones, falsos testimonios e inventos que apuntaban directamente al joven político y estudiante de periodismo.

Sus amigos, seguidores y conocidos le reenviaban los videos con esas acusaciones. El daño ya circulaba.

La noche que se derrumbó

Durante el día, Franco intentó mantener la compostura. Se dijo a sí mismo que si los ataques arreciaban, era porque la campaña avanzaba.

Pensó en el dicho popular atribuido al Don Quijote: “Si los perros ladran, es porque vamos en el camino correcto”.

Pero esa noche se derrumbó.

Durante toda la semana siguiente no quiso salir. No comió bien. No publicó nada en sus redes. Solo quería que llegaran las elecciones subnacionales del 19 de marzo para que terminara la pesadilla.

El apoyo de su familia y sus amigos lo fue serenando, pero el daño ya estaba hecho.

“Me arrepentí de haber entrado a este laberinto sin salida”, admite Franco.

“Lo más difícil no fue lo que dijeron de mí. Fue ver a mi familia pagar el precio de algo que nunca eligió”.

El regreso

Franco no se retiró. Volvió a hacer campaña. Dice que en esos días entendió algo sobre la política boliviana: que no ingresó al proceso para construir una imagen, sino para escuchar y proponer soluciones en la ciudad donde creció.

Esa certeza, junto al sostén de su entorno, fue lo que le permitió levantarse.

Luis Franco Terceros tiene 19 años. Es estudiante de tercer semestre de periodismo. Y aprendió, antes de tiempo, que en Bolivia la política no deja intacto a nadie que se acerque a ella, ni siquiera a los que recién empiezan.

*Luis Franco Terceros es estudiante de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) de la ciudad de La Paz, Bolivia. El texto periodístico, narrado en tercera persona, está basado en su experiencia personal. 

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