InicioSalud¡Silencio! el algoritmo está criando a los niños

¡Silencio! el algoritmo está criando a los niños

Por Luis Mauricio Rocabado Castillo

“Se están formando generaciones con dificultades de aprendizaje, falta de sueño y desregulación emocional”

La frase es de la Dra. María del Pilar Chávez Loza, psicóloga clínica, doctora en educación y especialista en infancia. Su diagnóstico es claro: estamos viviendo una crisis de salud mental infantil sin precedentes. Pero el colapso no empezó con la pandemia, viene de antes, la pandemia lo agudizó. Las pantallas lo multiplicaron y ahora, todo intento de solución parece ir remando contra corriente.

“Vemos síntomas que se parecen al TDAH, pero no son TDAH. Niños que tienen hiperactividad o falta de atención, pero no necesariamente un trastorno. Hay que diferenciar eso y no medicar automáticamente. Se necesitan equipos interdisciplinarios en los colegios, pero casi no existen”, agrega la doctora Chávez.

En Bolivia, según datos del Ministerio de Salud y Deportes (2023), más de 6.000 niños han sido diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), y al menos 3.500 con algún grado del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Estas cifras están lejos de representar la totalidad del problema: gran parte de los casos no están diagnosticados por falta de acceso a profesionales especializados, sobre todo en el sistema público.

No se trata solo de diagnósticos erróneos, se trata de infancias colapsadas por una cultura que premia la hiperconectividad y la inmediatez. Lo explica también José Alarcón León, psicólogo con experiencia en infancia y adolescencia: “Muchos niños en contextos urbanos reciben estímulos constantes, sobre todo con videos cortos tipo TikTok y eso genera conductas adictivas, problemas de atención, desregulación emocional y aislamiento social”.

“Los algoritmos no descansan”

En esta crisis, las escuelas no solo no son refugios, muchas veces pueden profundizar el problema. “Lo que debería ser un espacio de socialización se convierte en otro lugar de estrés”, dice la Dra. Chávez. Los colegios fiscales en Bolivia no cuentan con psicólogos, psicopedagogos o fonoaudiólogos y los docentes —mal formados, mal pagados y desbordados— no tienen herramientas para detectar ni contener.

“Hay docentes que ven a un niño movido y ya dicen ‘tiene TDAH’. Pero todos los niños se mueven. El problema es cuando esa conducta es constante, afecta su rendimiento, su vínculo con los compañeros o el sueño. No tenemos formación ni protocolos claros”, explica Alarcón.

La Dra. Chávez añade un dato preocupante: “Un niño que duerme mal va a aprender mal y los chicos están durmiendo mal porque se acuestan con pantallas, se despiertan con pantallas. Los algoritmos no descansan. La dopamina nunca baja”.

La situación es aún más grave en hogares con poca presencia adulta, madres adolescentes, padres ausentes, jornadas laborales extendidas. “Hay mamás que tranquilizan a sus hijos dándoles el celular y esos niños gritan, no hablan. Gritan para comunicarse, eso es gravísimo”, cuenta el especialista desde su experiencia en voluntariados clínicos.

“No tenemos cultura de regulación  digital«

“Hay niños que no pueden tolerar perder en un videojuego. Se frustran, lloran, se enojan o que necesitan abrir cofres, gastar dinero, subir de nivel. Esa lógica de recompensa inmediata es adictiva”, afirma José Alarcón y no exagera. El diagnóstico coincide con lo que ya denuncian organismos internacionales: los videojuegos con cajas de recompensa, los sistemas de micro pagos y los algoritmos personalizados no solo entretienen, enganchan, diseñan consumos, fabrican adicciones.

“No tenemos una cultura de regulación digital, ni desde las familias ni desde el Estado y eso lo aprovechan las empresas. Todo está pensado para retener la atención: los videos, los colores, los sonidos, los cofres, los premios”, señala la psicóloga.

Ambos profesionales coinciden en que estamos normalizando la hiperestimulación desde edades cada vez más tempranas. “Niños de dos años viendo YouTube Kids, scrolleando, pasando pantallas como si nada, eso puede provocar síntomas similares al autismo si no se regula. No digo que causen autismo, pero sí aislamiento, retraso en el lenguaje, ansiedad y desregulación emocional”, explica Alarcón

La psicóloga Chávez refuerza la idea: “No podemos pensar que el cerebro de un niño está preparado para absorber ese nivel de estímulo sin consecuencias, no lo está y si no intervenimos, las consecuencias van a ser sociales, no solo individuales”.

“Estamos tirando un dado muy peligroso”

El escenario que describen estos especialistas es preocupante, pero no necesariamente irreversible. La clave está en el entorno: “Un niño necesita un adulto que modele, que esté ahí, que acompañe, que regule. El cerebro necesita eso para desarrollarse bien”, señala la profesional entrevistada.

El psicólogo coincide: “Si hay acompañamiento, si se establecen rutinas, si se educa con afecto y límites claros, los efectos de la tecnología pueden ser menores. Pero si se deja solo al niño con una tablet como niñera, se está tirando un dado muy peligroso”.

El problema es estructural y por tanto, la solución también debe serlo. Se necesitan políticas públicas, inversión en salud mental infantil, formación docente, presencia de profesionales en las escuelas y campañas de sensibilización, pero también, una reflexión profunda como sociedad.

“No es solo un tema clínico. Es un tema cultural, político, económico”, cierra la Dra. Chávez. Y José Alarcón lo resume en una frase que resuena como advertencia y como tarea: “Estamos creando generaciones con un desarrollo emocional atrofiado y que son criados por algoritmos y eso, tarde o temprano, nos va a pasar factura”

(Colaboración de Luis Mauricio Rocabado Castillo, estudiante de la carrera de Periodismo de Unifranz La Paz, Bolivia)

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