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La cultura Leco: Riqueza ancestral boliviana

Por Marcela Zambrana

En lo profundo de la selva boliviana, donde se murmuran secretos ancestrales y los ríos serpentean como venas, reside un pueblo cuya historia se entrelaza con el latido de la tierra: los indígenas Leco de La Paz. Guardianes de un territorio inmenso, son depositarios de una cosmovisión única, herederos de saberes muy antiguos y protagonistas de una lucha silenciosa por preservar su identidad en un mundo que avanza a grandes pasos.

Su conexión con la naturaleza

Los indígenas utilizan materiales naturales como hojas de plátano, palma, motacú y coco para crear elementos esenciales en su vida cotidiana. Con estas fibras, elaboran recipientes trenzados en forma de cono para recolectar frutas durante sus caminatas.

También emplean las hojas como protección, cubriéndose con ellas para resguardarse del sol y la lluvia. Estos objetos no solo cumplen funciones prácticas, sino que también reflejan su relación cercana con la naturaleza y su habilidad artesanal para transformar los recursos de su entorno.

Fuente: El Diario

Indumentaria que refleja su identidad

Las mujeres de la comunidad visten de blanco, con faldas cortas y collares hechos a mano con semillas de frutas silvestres como la sandía, lo cual destaca la dedicación que ponen en la elaboración de sus prendas y accesorios.

Costumbres que fortalecen su unidad

Las tradiciones de esta comunidad giran en torno a la caza y la pesca. Estas prácticas no solo son una forma de obtener alimento, sino también una expresión de solidaridad, ya que quien caza o pesca comparte sus alimentos con todos los miembros del grupo. Este acto fortalece los lazos comunitarios y asegura que nadie pase necesidad.

Gracias a estos valores, la comunidad ha vivido en armonía por generaciones. La cooperación y el respeto mutuo han sido fundamentales para la convivencia.

Comidas tradicionales y singulares

Los Lecos, una comunidad indígena de Bolivia, han preservado sus tradiciones culinarias como parte de su identidad cultural. Uno de sus platos típicos es el Tuyú Tuyú, una preparación ancestral que refleja su profunda conexión con la naturaleza. Este plato consiste en un gusano o larva extraída del tronco de la palmera majo y se acompaña con arroz, yuca o plátano, son ingredientes que simbolizan la armonía entre el pueblo Leco y su entorno, resaltando su respeto por la naturaleza.

También es conocido en la gastronomía del norte de La Paz el “tujo” o “ cepeculón”, una especie de hormiga voladora de la cual se consume la cola, porque al freírla adquiere la consistencia de un maní y es rica en proteinas.

Fuente: Facebook

Lecos: un patrimonio paceño

Los Leco de Kelequelera están ubicados en la provincia Murillo, específicamente en el distrito rural de Zongo, en el departamento de La Paz, Bolivia.  

No son solo un eco del pasado, sino una voz viva que resuena en el presente y nos abre interrogantes sobre el futuro.  Su lucha por la subsistencia es un testimonio de la fortaleza del espíritu humano y de la profunda sabiduría que nace de una vida en armonía con la naturaleza.

(Colaboración de Marcela Zambrana Choque, estudiante de la carrera de Periodismo de Unifranz, La Paz, Bolivia)

Clausura de la Primera Generación de la Especialidad en Derecho Burocrático en la UAGro: Un Hito Académico y Social

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” Nelson Mandela

La clausura de la primera generación de la Especialidad en Derecho Burocrático en la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) representa mucho más que el cierre de un ciclo académico: es la consolidación de una visión transformadora que apuesta por la profesionalización del servicio público, la justicia laboral y la dignificación de quienes sostienen al Estado desde sus estructuras más profundas.

Este programa pionero, impulsado por la rectoría del Dr. Javier Saldaña Almazán y respaldado por el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, nació de una necesidad urgente: formar especialistas capaces de interpretar, aplicar y defender el marco jurídico que rige las relaciones laborales en el ámbito gubernamental. En un contexto donde la función pública enfrenta desafíos estructurales, esta especialidad se erige como una herramienta de justicia social y fortalecimiento institucional.

La ceremonia de clausura, encabezada por la encargada de despacho de la Secretaría General de Gobierno, Anacleta López Vega, en representación de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, fue un acto de reconocimiento al esfuerzo colectivo. Se destacó el compromiso de las y los egresados, quienes no solo culminan una etapa formativa, sino que se convierten en agentes de cambio con una visión crítica, ética y profundamente comprometida con la realidad del país.

Un reconocimiento especial merece el Dr. Florencio César Felipe Leyva, coordinador de la Especialidad en Derecho Burocrático, gestor visionario comprometido con la academia, la actualización, capacitación y profesionalización del gremio jurídico y sindical en Guerrero. Su liderazgo ha sido fundamental para articular esfuerzos institucionales, académicos y sociales que hoy se traducen en una generación de especialistas con vocación transformadora.

El respaldo de figuras clave como la Dra. Leticia Jiménez Zamora, madrina de generación y Tesorera General de la UAGro; el Dr. Miguel Ángel Hernández Gómez, coordinador del Instituto de Investigaciones Jurídicas; y el Dr. Jorge Naranjo Hernández, jefe de grupo y referente del Colegio de Abogados Laboralistas en Guerrero, fue igualmente decisivo para consolidar este proyecto académico.

Esta generación inaugural lleva consigo más que conocimientos técnicos: porta el sello de una universidad que ha sabido responder a los desafíos contemporáneos con propuestas innovadoras, inclusivas y socialmente responsables. La UAGro, al abrir este camino, no solo forma especialistas, sino que reafirma su papel como institución comprometida con el desarrollo de Guerrero y del país.

En tiempos donde la legalidad, la transparencia y la defensa de los derechos laborales son pilares indispensables para la gobernabilidad democrática, esta especialidad se convierte en una apuesta por el futuro. Un futuro donde el Derecho Burocrático no sea una materia marginal, sino una herramienta viva para garantizar dignidad, eficiencia y justicia en el servicio público.

Porque formar profesionales con conciencia social es, en esencia, construir ciudadanía.

“La justicia social comienza cuando reconocemos la dignidad del otro como igual a la nuestra.”

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

Crisis ambiental en México: una realidad alarmante que exige justicia, advierte Bárcena

“La restauración ecológica es una forma de justicia para la naturaleza y para quienes dependen de ella.”

México se encuentra en un momento decisivo de su historia ambiental. La advertencia de la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, sobre la pérdida anual de más de 155 mil hectáreas de cobertura forestal y la existencia de “infiernos ambientales” como la presa El Ahogado o el río Sonora, no es solo un diagnóstico técnico: es un grito de alerta sobre un modelo de desarrollo que ha marginado a comunidades, devastado ecosistemas y profundizado desigualdades.

La deforestación como síntoma de un modelo extractivista

La pérdida de cobertura forestal no es un fenómeno aislado, sino el resultado de décadas de políticas públicas que han privilegiado la expansión agrícola, la urbanización descontrolada y la minería sobre la conservación ambiental. Según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), México pierde aproximadamente 155 mil hectáreas de bosques al año. Esta deforestación no solo amenaza la biodiversidad, sino que también agrava la crisis climática al reducir la capacidad de captura de carbono y alterar los ciclos hidrológicos.

Concentración de poder y cultura de privilegios

Uno de los aspectos más preocupantes señalados por Bárcena es la concentración de permisos ambientales en manos de cinco o seis familias que dominan sectores estratégicos como el turismo y la minería. Esta “cultura de privilegios” no solo perpetúa la desigualdad económica, sino que también impide una gestión democrática y equitativa de los recursos naturales. La justicia ambiental, en este contexto, implica desmantelar estructuras de poder que han despojado a comunidades enteras de sus territorios y medios de vida.

Justicia ambiental: una nueva política ecológica

La afirmación de Bárcena de que “no puede existir mejora ambiental sin justicia social” marca un cambio de paradigma. La política ecológica ya no puede limitarse a la conservación de especies o paisajes; debe integrar los derechos de las comunidades, la equidad en el acceso a los recursos y la participación activa de la sociedad civil. La meta de restaurar 50 sitios altamente deteriorados y reforestar 200 mil hectáreas de bosques y manglares es ambiciosa, pero solo será efectiva si se acompaña de mecanismos de gobernanza inclusiva y transparencia institucional.

Manglares y costas: ecosistemas en riesgo

Con más de 12 mil kilómetros de costas, México posee una de las franjas litorales más ricas del continente. Sin embargo, el desarrollo turístico y la expansión urbana han provocado la destrucción sistemática de manglares, ecosistemas clave para la protección costera, la biodiversidad marina y la captura de carbono. Su restauración no es solo una cuestión ambiental, sino una estrategia de adaptación climática y de justicia territorial para las comunidades costeras.

Conflictos socioambientales: el rostro humano de la crisis

América Latina concentra una cuarta parte de los conflictos socioambientales del mundo. En México, megaproyectos como trenes, presas o minas a cielo abierto han generado tensiones profundas con pueblos indígenas y comunidades rurales. Estos conflictos no son simples desacuerdos técnicos, sino expresiones de una lucha por el territorio, la identidad y el derecho a decidir sobre el propio futuro. La ciencia, como bien señaló el rector de la UNAM, no puede ser neutral ante la injusticia: debe posicionarse como aliada de los pueblos y de la vida.

Restauración ecológica y resiliencia climática

La restauración de ecosistemas no es solo una medida correctiva, sino una estrategia de futuro. Como subrayó Rosaura Ruiz, fortalecer la resiliencia ante el cambio climático requiere reconstruir los sistemas naturales que sostienen la vida. Esto implica no solo reforestar, sino también recuperar suelos, cuerpos de agua y corredores biológicos. La participación de la comunidad científica, junto con el saber local y tradicional, es clave para diseñar soluciones sostenibles y culturalmente pertinentes.

Reto Ambiental en México

México enfrenta una tragedia ambiental que no puede abordarse con soluciones fragmentadas ni con discursos vacíos. Se requiere una transformación profunda del modelo de desarrollo, una redistribución del poder y una política ecológica con enfoque humanista. La justicia ambiental no es un lujo, sino una condición para la paz, la equidad y la supervivencia. En este contexto, el papel de líderes éticos, comunicadores comprometidos y ciudadanos informados es más crucial que nunca.

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

La manosfera y la alarma de la misoginia digital: una amenaza emergente para la igualdad de género

“Las palabras pueden ser ventanas o muros.”  Ruth Bebermeyer

En el escenario contemporáneo donde lo digital atraviesa todos los ámbitos de la vida humana —desde la educación y la política hasta la construcción de identidades personales— emerge con fuerza un fenómeno inquietante: la manosfera. Esta red de comunidades en línea, integrada mayoritariamente por hombres, ha dejado de ser un espacio marginal para convertirse en un engranaje estructurado que alimenta y disemina discursos misóginos, con implicaciones profundas para la democracia, la equidad y el bienestar social.

Lejos de ser una simple colección de foros con consejos de vida, la manosfera actúa como una incubadora ideológica que refuerza estereotipos de género, desacredita al feminismo y reproduce modelos tóxicos de masculinidad. Su auge es producto de múltiples variables convergentes: una crisis de identidad masculina no atendida, vacíos educativos en torno a la emocionalidad y la igualdad de género, y una arquitectura digital que premia el contenido más polarizante. Como bien lo advierte ONU Mujeres, esta red no solo amenaza los logros alcanzados en términos de igualdad, sino que altera patrones de convivencia, institucionaliza el desprecio hacia las mujeres y naturaliza la violencia simbólica.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

La modernidad ha traído consigo cambios significativos en los roles de género. Si bien estos avances han sido celebrados por los movimientos sociales, también han generado incertidumbre en sectores masculinos que ven desdibujados sus referentes tradicionales. En lugar de acompañar ese proceso desde el diálogo intergeneracional, muchos jóvenes, en busca de identidad y pertenencia, encuentran refugio en plataformas que les ofrecen una visión simplificada del mundo: una en la que la mujer es la causa de sus frustraciones y el feminismo, el enemigo a vencer.

Esta narrativa se instala con facilidad gracias a la lógica algorítmica que rige las redes sociales. Los sistemas de recomendación amplifican las voces más extremas, generando cámaras de eco que refuerzan el sesgo cognitivo y anulan la posibilidad de una reflexión crítica. Así, la manosfera no solo expresa misoginia, sino que la profesionaliza, la monetiza y la convierte en contenido viral. Paradójicamente, el avance tecnológico que prometía democratizar la información ha terminado por albergar nuevos autoritarismos emocionales.

La misoginia digital como violencia estructural

Lo más preocupante es que los discursos misóginos no se quedan en lo virtual. Los impactos son reales y tangibles: niñas y mujeres que abandonan espacios digitales por acoso, jóvenes que reproducen roles violentos en sus relaciones afectivas, políticas públicas que retroceden en materia de derechos. La manosfera trivializa la violencia de género, convierte el desprecio en entretenimiento y disfraza la opresión de “realismo masculino”. Su poder no solo radica en sus mensajes, sino en su capacidad de colonizar la subjetividad.

En este sentido, es necesario comprender que estamos ante una forma de violencia estructural que erosiona el tejido democrático. Cuando el miedo o el odio se convierten en lenguajes comunes, la posibilidad de construir una ciudadanía basada en el respeto mutuo se ve severamente comprometida. La misoginia digital, por tanto, no es un “efecto colateral” del internet, sino un síntoma de una crisis más profunda: la ausencia de pedagogías afectivas, de escucha, de modelos de convivencia no violentos.

Respuestas urgentes: ética, educación y corresponsabilidad

Frente a esta amenaza, la inacción no es una opción. Se requiere una respuesta decidida, multisectorial y profundamente ética. Los Estados deben establecer marcos regulatorios que garanticen la seguridad digital sin restringir la libertad de expresión; las plataformas tecnológicas tienen la responsabilidad ineludible de moderar sus algoritmos y priorizar el bienestar social por encima del beneficio económico; los medios de comunicación deben evitar ser reproductores acríticos de discursos machistas disfrazados de “opinión libre”.

Pero, sobre todo, se necesita una revolución educativa que comience en la infancia. Hablar de ciudadanía digital, de igualdad sustantiva, de masculinidades diversas y saludables, de afectividad y diálogo es fundamental. Educar es prevenir. Porque al final del día, no se trata solo de proteger a las niñas de la violencia digital, sino de crear un mundo en el que los niños no tengan que elegir entre ser agresores o cómplices.

La manosfera es un espejo oscuro de nuestras ausencias colectivas. Nos interpela como sociedad, como instituciones y como individuos. Nos confronta con los límites de nuestra imaginación política, ética y educativa. Y nos obliga a recordar que el odio, aunque se vista de memes o influencers, sigue siendo odio. Que la igualdad no es negociable. Y que el silencio, cuando se trata de misoginia, nunca será neutral.

“La cultura patriarcal no se hereda: se enseña, y por lo tanto, también se puede desaprender.” Marcela Lagarde

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

El Vocho: memoria rodante de identidad, ingenio y resistencia

“El Vocho no era solo un auto: era un compañero de vida que sabía escuchar el silencio de la carretera.” Héctor Manjarrez

Pocos objetos materiales han logrado lo que el Volkswagen Sedán —popularmente conocido como Vocho— ha conseguido: trascender su función utilitaria para convertirse en símbolo cultural, memoria colectiva y objeto de afecto intergeneracional. Desde su concepción en la Alemania de los años treinta hasta su arraigo profundo en países como México, el Vocho ha sido más que un automóvil: ha sido testigo de transformaciones sociales, económicas y emocionales. Este ensayo propone una reflexión crítica sobre el Vocho como artefacto cultural, explorando su historia, su impacto simbólico y su vigencia como emblema de identidad popular.

Origen y evolución: del “auto del pueblo” al ícono global

El Vocho nació en 1934 como un proyecto del ingeniero Ferdinand Porsche, impulsado por el régimen nazi con la intención de crear un automóvil accesible para las masas. Su nombre original, KdF-Wagen (“Fuerza a través de la alegría”), ya anticipaba su vocación propagandística. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, el modelo fue resignificado y relanzado como símbolo de reconstrucción y movilidad democrática. Su producción en masa, su mecánica sencilla y su bajo costo lo convirtieron en un fenómeno global.

En México, el Vocho llegó en 1954 y comenzó a producirse localmente en 1967. Desde entonces, se integró a la vida cotidiana de millones de familias, taxistas, estudiantes y trabajadores. Su presencia en las calles mexicanas no solo fue abundante, sino entrañable.

El Vocho como símbolo cultural: entre la nostalgia y la resistencia

El Vocho no solo se condujo: se vivió. Su forma redondeada, su sonido inconfundible y su capacidad para adaptarse a cualquier terreno lo convirtieron en un compañero de vida. Fue el primer auto de muchas familias, el vehículo de bodas, mudanzas, viajes y despedidas. En el cine, se inmortalizó como Herbie; en la música, apareció en portadas de discos; en la calle, fue objeto de juegos como el “Vocho amarillo”.

En México, el Vocho se volvió parte del paisaje urbano y emocional. Su durabilidad y facilidad de reparación lo hicieron ideal para contextos de escasos recursos. En este sentido, el Vocho encarna una forma de resistencia: ante la obsolescencia programada, ofrece longevidad; ante la sofisticación tecnológica, ofrece ingenio mecánico; ante la exclusión del mercado, ofrece inclusión motorizada.

¿Qué nos dice el Vocho sobre nosotros?

El Vocho es espejo de una época en la que la movilidad era sinónimo de progreso, pero también de comunidad. A diferencia de los autos actuales, diseñados para el confort individual, el Vocho promovía la cercanía: no tenía aire acondicionado, pero sí ventanas abiertas; no tenía pantallas, pero sí conversaciones. Su simplicidad técnica exigía conocimiento básico, fomentando una relación activa entre conductor y máquina.

Sin embargo, también es necesario reconocer las contradicciones. El Vocho fue concebido en un contexto autoritario, y su popularidad posterior no puede desligarse de procesos de industrialización que, en muchos casos, ignoraron criterios ambientales o laborales. Hoy, en plena transición hacia la electromovilidad, el Vocho representa tanto una nostalgia legítima como un desafío: ¿Cómo honrar su legado sin romantizar sus limitaciones?

El legado que sigue rodando

Aunque su producción cesó en 2003, el Vocho sigue vivo en clubes de coleccionistas, festivales como el Vocho Fest, y en miles de unidades que aún circulan por las calles. Su presencia en la cultura popular —desde películas hasta arte urbano— demuestra que no es solo un objeto del pasado, sino un símbolo en constante resignificación.

El Vocho nos recuerda que la tecnología puede ser accesible, que la movilidad puede ser comunitaria, y que los objetos también tienen alma cuando se cargan de historias. En un mundo cada vez más acelerado, el Vocho nos invita a mirar por el retrovisor con gratitud, sin dejar de avanzar hacia un futuro más justo y sostenible.

El Vocho no es solo un automóvil: es una metáfora rodante de la memoria, la identidad y la creatividad popular. Su historia nos habla de cómo un objeto puede convertirse en símbolo, de cómo la técnica puede humanizarse, y de cómo la cultura se construye también sobre ruedas. Celebrarlo no es solo mirar atrás con nostalgia, sino reconocer que en su sencillez habita una lección profunda: que lo esencial no siempre necesita de lo último, sino de lo que perdura.

“Recordar es volver a vivir, y en cada Vocho vive una parte de nosotros.”

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

Cuando la disuasión se convierte en detonante: el ataque de EE.UU. a Irán y la fragilidad del orden internacional

“Jamás penséis que una guerra, por necesaria o justificada que parezca, deja de ser un crimen.” Ernest Hemingway

El 21 de junio de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un ataque aéreo contra tres instalaciones nucleares en Irán: Fordo, Natanz e Isfahán. Esta acción, coordinada con Israel, fue presentada como un “éxito militar espectacular” y como un intento de frenar la amenaza nuclear iraní. Sin embargo, más allá de su dimensión táctica, este ataque representa una ruptura peligrosa en el frágil equilibrio de Medio Oriente y plantea interrogantes profundos sobre la legitimidad del uso de la fuerza, la erosión del multilateralismo y el futuro de la seguridad global.

Entre la diplomacia fallida y la lógica de la fuerza

Durante meses, la administración Trump había sostenido que Irán no estaba en condiciones de producir un arma nuclear en el corto plazo. Sin embargo, en cuestión de días, ese diagnóstico cambió radicalmente, y la narrativa oficial pasó de la contención a la acción directa. El ataque se produce tras una serie de bombardeos israelíes y negociaciones diplomáticas fallidas, lo que sugiere que la decisión de Washington no fue una reacción aislada, sino parte de una estrategia de presión coordinada.

Este giro abrupto revela una tendencia preocupante: la sustitución del diálogo por la imposición, del derecho internacional por la lógica del poder. La amenaza de nuevos ataques si Irán no “firma la paz” —en palabras del propio Trump— recuerda más a un ultimátum que a una invitación a la negociación.

 ¿Defensa preventiva o agresión unilateral?

Desde la perspectiva del derecho internacional, el ataque plantea serias dudas sobre su legalidad. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza salvo en casos de legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad. Estados Unidos no ha presentado pruebas de un ataque inminente por parte de Irán, ni ha obtenido respaldo multilateral para su acción. La doctrina de la “defensa preventiva”, invocada en ocasiones anteriores, sigue siendo jurídicamente controvertida y éticamente cuestionable.

Además, Irán es signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y ha sostenido que su programa tiene fines pacíficos. Aunque existen sospechas legítimas sobre sus intenciones, la vía diplomática y la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) seguían activas. El ataque, por tanto, no solo debilita el régimen de no proliferación, sino que sienta un precedente peligroso: el castigo anticipado sin veredicto ni consenso.

Las consecuencias: escalada regional y erosión del orden global

El ataque ha encendido las alarmas en toda la región. Irán ha prometido represalias, y actores como Hezbolá, los hutíes en Yemen y milicias chiítas en Irak podrían activar frentes paralelos. El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 30% del petróleo mundial, se convierte en un punto de tensión crítica. La posibilidad de ataques a bases estadounidenses, embajadas o infraestructuras estratégicas no puede descartarse.

A nivel global, la acción de EE.UU. debilita aún más el multilateralismo y refuerza la percepción de que el poder militar sustituye al consenso internacional. La ONU ha quedado al margen, y la comunidad internacional observa con preocupación cómo se desdibujan las reglas del juego. El riesgo no es solo una guerra regional, sino una crisis sistémica de legitimidad global.

¿Quién decide qué es una amenaza?

Más allá de la geopolítica, el ataque plantea una pregunta ética fundamental: ¿quién tiene el derecho de decidir qué constituye una amenaza y cómo debe neutralizarse? ¿Puede un Estado autoproclamarse garante de la paz mientras actúa unilateralmente y sin rendición de cuentas?

La retórica de “la paz a través de la fuerza” puede ser eficaz en el corto plazo, pero erosiona los principios que sostienen la convivencia internacional. La seguridad no puede construirse sobre la base del miedo, ni la paz sobre los escombros de la disuasión. La verdadera estabilidad requiere diálogo, respeto mutuo y mecanismos institucionales que garanticen la equidad entre naciones.

El ataque de Estados Unidos a Irán no es solo un episodio más en una larga historia de tensiones: es un síntoma de una crisis más profunda en el orden internacional. La sustitución del derecho por la fuerza, del diálogo por la amenaza, y del multilateralismo por la acción unilateral, nos acerca peligrosamente a un mundo más inestable, más desigual y más violento.

Hoy más que nunca, se impone la necesidad de repensar la seguridad global desde una ética de la responsabilidad compartida. Porque si la paz depende de la voluntad de unos pocos, entonces no es paz: es silencio impuesto.

“Una nación que gasta más en armamento que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual.” Martin Luther King Jr.

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

Solsticio: cuando el Sol se detiene y la humanidad se observa

“El solsticio es el momento en que el Sol parece detenerse… y nosotros deberíamos hacer lo mismo: pausar, observar y agradecer.”

El solsticio, del latín solstitium —“Sol quieto”—, es mucho más que un fenómeno astronómico: es una pausa luminosa en el tiempo, un instante en el que el movimiento aparente del Sol se detiene para marcar el inicio de una nueva estación. En el hemisferio norte, como en México, el solsticio de junio señala el comienzo del verano y el día más largo del año. Pero más allá de su precisión científica, el solsticio es también un espejo simbólico que refleja la relación entre humanidad, naturaleza y memoria cultural. Este ensayo propone una lectura crítica del solsticio como fenómeno físico, legado ancestral y oportunidad ética para repensar nuestra forma de habitar el mundo.

Ciencia y asombro: la danza de la Tierra y el Sol

El solsticio ocurre debido a la inclinación de 23.4° del eje terrestre respecto a su órbita alrededor del Sol. En junio, el Polo Norte se inclina al máximo hacia el astro, provocando que el hemisferio norte reciba más horas de luz solar que en cualquier otro día del año. Sin embargo, esta abundancia de luz no implica necesariamente mayor calor: la atmósfera y los océanos actúan como amortiguadores térmicos, por lo que el calor máximo suele llegar semanas después.

Este fenómeno no es exclusivo de la Tierra. Planetas como Marte, con un eje similar, también experimentan estaciones, mientras que Urano, con su eje casi horizontal, vive extremos de luz y oscuridad. Esta perspectiva planetaria nos recuerda que los solsticios son parte de una coreografía celeste que trasciende fronteras y nos hermana con otros mundos.

Calendarios del alma: el solsticio como brújula cultural

Desde las pirámides de Egipto hasta los templos mayas, pasando por Stonehenge o el Inti Raymi incaico, el solsticio ha sido celebrado como un momento de alineación entre el cielo y la tierra. En Mesoamérica, el inicio del verano coincidía con el ciclo agrícola: la llegada de las lluvias, la siembra del maíz, el trabajo colectivo. El calendario no era solo una herramienta de medición, sino una forma de organización social, espiritual y económica.

Hoy, muchas comunidades indígenas mexicanas aún conmemoran el solsticio con danzas, ofrendas y ceremonias que combinan astronomía y cosmovisión. En estos rituales, el Sol no es solo una fuente de energía, sino un ser vivo con el que se dialoga, se agradece y se pacta.

Luz en exceso: una crítica a la desconexión moderna

En la actualidad, vivimos más encerrados, más desconectados del cielo. El solsticio pasa desapercibido para la mayoría, reducido a una curiosidad astronómica o una efeméride sin eco. Esta indiferencia revela una fractura: la pérdida del vínculo con los ritmos naturales que durante siglos guiaron nuestras decisiones, emociones y saberes.

La prolongación del día podría ser una invitación a la contemplación, pero muchas veces se convierte en una extensión del rendimiento, del consumo, del agotamiento. ¿Qué hacemos con tanta luz? ¿Qué verdades iluminamos y cuáles dejamos en la sombra? El solsticio, en su aparente quietud, nos interpela: ¿estamos habitando el tiempo o simplemente sobreviviéndolo?

Reconectar con el cielo: ciencia, ética y espiritualidad

Recuperar el sentido del solsticio no implica volver al pasado, sino reconfigurar nuestra relación con el presente. La astronomía, lejos de ser un saber frío, puede ser una herramienta de conciencia. Observar el cielo, entender sus ciclos, nos permite situarnos en una escala más amplia, menos egocéntrica, más planetaria.

El solsticio puede ser entonces un umbral: entre la ciencia y la poesía, entre la memoria y la acción. Un momento para agradecer la luz, pero también para preguntarnos cómo la usamos.

Un recordatorio de que, aunque el Sol parezca detenerse, nosotros aún podemos movernos hacia una forma más justa, más sabia y más luminosa de estar en el mundo.

El solsticio no es solo un fenómeno astronómico: es una metáfora viva de los ciclos que nos sostienen. En su aparente inmovilidad, nos ofrece una pausa para mirar hacia arriba, hacia adentro y hacia adelante. En tiempos de crisis climática, desconexión cultural y fatiga social, volver a leer el cielo puede ser un acto de resistencia, de humildad y de esperanza.

“Así como el Sol alcanza su punto más alto, también comienza su descenso… El solsticio nos enseña que todo ciclo tiene su plenitud y su retorno.”

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

Emergencia en la financiación de la salud: el retroceso silencioso que amenaza vidas

“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.” Organización Mundial de la Salud

Ginebra, Suiza. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado una advertencia contundente: el mundo enfrenta una emergencia sin precedentes en la financiación de la salud. La proyección de una reducción del 40 % en la inversión global para 2025 —equivalente a una caída de 10 mil millones de dólares respecto a 2023— amenaza con desmantelar décadas de avances en salud pública, especialmente en los países más vulnerables.

La doctora Kalipso Chalkidou, directora de Financiación y Economía Sanitaria de la OMS, fue clara: “Estamos ante una tormenta perfecta. Los recortes en la ayuda internacional, sumados a la presión fiscal interna, están provocando interrupciones en los servicios de salud no vistas desde el pico de la pandemia por COVID-19”.

El epicentro de la crisis: África subsahariana

En países como Malaui, Mozambique y Zimbabue, la ayuda sanitaria externa representa entre el 25 % y el 30 % del gasto total en salud. La reducción de estos fondos no solo compromete programas de inmunización, atención materno-infantil y control de enfermedades infecciosas, sino que también expone a millones de personas a un colapso sanitario silencioso.

La paradoja es brutal: mientras la deuda externa crece, muchos gobiernos del sur global destinan más recursos al pago de intereses que a la salud de su población. La justicia fiscal se convierte así en una deuda pendiente con los más pobres.

¿Un retroceso evitable?

La OMS propone medidas urgentes: fortalecer la recaudación fiscal, aplicar impuestos a productos nocivos como el tabaco y el alcohol, y acceder a préstamos concesionales para inversiones sanitarias sostenibles. Pero estas soluciones requieren voluntad política, cooperación multilateral y una visión ética que anteponga la vida a los balances contables.

El Foro Económico Mundial ha advertido que el déficit de financiación amenaza la seguridad sanitaria global, y que el “gasto inteligente” —es decir, inversiones estratégicas en atención primaria, prevención y saneamiento— es más urgente que nunca.

Cuando la salud se convierte en variable de ajuste

La emergencia actual no es solo financiera: es moral. ¿Cómo justificar que en pleno siglo XXI millones de personas pierdan el acceso a servicios básicos por decisiones presupuestarias tomadas a miles de kilómetros de distancia? ¿Cómo sostener un sistema internacional que permite que la salud de los más pobres dependa de la voluntad fluctuante de los más ricos?

La salud no puede seguir siendo tratada como un gasto, sino como una inversión en dignidad, estabilidad y futuro. La pandemia nos enseñó que ningún sistema es inmune al colapso, y que la solidaridad no es caridad, sino supervivencia compartida.

Sevilla como punto de inflexión

La próxima Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, que se celebrará en Sevilla, será una oportunidad crucial para que los líderes mundiales asuman compromisos concretos. No se trata solo de salvar presupuestos, sino de salvar vidas.

Porque si algo ha quedado claro es que la salud no puede esperar. Y que el silencio presupuestario de hoy puede convertirse en la tragedia humanitaria de mañana.

“La salud es la base sobre la que se construye todo lo demás.”

Dr. Amín Cruz CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

Erick en Guerrero: la tormenta que desnudó la fragilidad estructural

“Podremos desafiar las leyes humanas, pero no podemos resistir a las naturales.” Jules Verne

El 19 de junio de 2025, el huracán Erick tocó tierra en el sur de México como categoría 3, dejando una estela de destrucción en los estados de Oaxaca y Guerrero. Con vientos sostenidos de más de 200 km/h y lluvias torrenciales, Erick no solo fue un fenómeno meteorológico de gran intensidad, sino también un espejo que reflejó las vulnerabilidades históricas de las regiones más expuestas del país.

En Guerrero, los daños materiales, la interrupción de servicios básicos y la pérdida de una vida humana revelaron no solo la fuerza de la naturaleza, sino también las grietas de un sistema que aún no logra garantizar protección plena a sus comunidades más frágiles.

El impacto inmediato: cifras que duelen

En Guerrero, el saldo fue contundente: 55 viviendas afectadas, 150 árboles derribados, cuatro socavones, desbordamiento del arroyo El Mesón y más de 1,500 personas resguardadas en albergues. La infraestructura eléctrica colapsó en múltiples puntos, dejando sin servicio a miles de usuarios. Las telecomunicaciones también se vieron interrumpidas, dificultando la coordinación de los primeros auxilios.

La caída de techos de lámina, postes y transformadores, así como la obstrucción de caminos por árboles y lodo, paralizaron la movilidad y la actividad económica en municipios como Cuajinicuilapa, Ometepec y San Nicolás.

Pero más allá de los números, el huracán se cobró la vida de un menor, arrastrado por una corriente en una zona vulnerable. Este hecho, doloroso y simbólico, nos recuerda que la tragedia no es solo meteorológica, sino también social.

La respuesta institucional: entre la reacción y la prevención pendiente

La activación del Plan DN-III-E y la movilización de más de 34 mil servidores públicos fueron acciones inmediatas que permitieron contener los efectos más graves. La Guardia Nacional y el Ejército realizaron labores de limpieza, retiro de árboles y apoyo en refugios. La presidenta Claudia Sheinbaum acudió personalmente a las zonas afectadas, reconociendo que, aunque la mayoría de los daños fueron materiales, la situación en Guerrero requería atención prioritaria.

Sin embargo, la emergencia también evidenció la necesidad de fortalecer los protocolos de prevención, la infraestructura de refugios y la educación comunitaria en gestión de riesgos.

En muchos municipios, los planes de evacuación fueron improvisados, y la capacidad de respuesta local se vio rebasada. La falta de seguros para viviendas y comercios, así como la escasa cultura de aseguramiento ante desastres, agrava el impacto económico y social.

La dimensión estructural: pobreza, marginación y vulnerabilidad climática

Guerrero es uno de los estados con mayores índices de pobreza y marginación en México. Esta condición estructural convierte a sus comunidades en blanco fácil de los desastres naturales. Las viviendas precarias, la falta de drenaje adecuado, la deforestación y la urbanización desordenada aumentan la exposición al riesgo.

El cambio climático, con fenómenos cada vez más intensos y frecuentes, no hace sino profundizar esta vulnerabilidad.

El huracán Erick no fue solo una tormenta: fue una advertencia. Una llamada de atención sobre la urgencia de invertir en infraestructura resiliente, en educación ambiental, en sistemas de alerta temprana y en políticas públicas que integren la justicia climática como eje transversal.

Reconstrucción con memoria: hacia una resiliencia con rostro humano

La recuperación no puede limitarse a reconstruir lo que se perdió. Debe ser una oportunidad para replantear el modelo de desarrollo, para fortalecer la gobernanza local y para escuchar a las comunidades que, año tras año, enfrentan la furia de la naturaleza con dignidad, pero también con abandono.

Es necesario garantizar que los apoyos lleguen con transparencia, que se priorice a los más afectados y que se construyan mecanismos de seguimiento ciudadano. La reconstrucción debe ser también simbólica: honrar la vida perdida, documentar la experiencia vivida y transformar el dolor en acción colectiva.

Huracán Erick: expuso la deuda social

El huracán Erick no solo dejó escombros en Guerrero: dejó al descubierto interrogantes urgentes sobre la forma en que enfrentamos la crisis climática, sobre la protección real que damos a quienes menos tienen, y sobre la necesidad de construir un país donde la lluvia deje de ser sinónimo de tragedia.

Más allá de las cifras, su paso nos obliga a preguntarnos cómo fortalecer la resiliencia de las comunidades vulnerables ante fenómenos cada vez más intensos y, sobre todo, cómo asegurar que la reconstrucción no repare únicamente techos, sino también derechos. La memoria de esta tormenta no debe esfumarse con las noticias.

Debe transformarse en una convocatoria firme hacia la prevención estructural, la solidaridad sostenida y una justicia climática con rostro humano. Porque cada árbol derribado, cada hogar dañado, cada vida perdida, nos recuerda que el viento no distingue… pero la desigualdad sí.

“Suceden cosas malas en el mundo, como guerras, desastres naturales y enfermedades. Pero de esas situaciones siempre surgen historias de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias.” Daryn Kagan

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

Claudia Sheinbaum en el G7: El Papel de México en la Diplomacia Global

«Los líderes que buscan el bienestar común, por encima de los intereses particulares, son los que construyen naciones fuertes.»  Nelson Mandela

La participación de la presidenta Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G7 en Canadá marca un hito en la diplomacia mexicana. Como la primera mujer en ocupar la Presidencia de México, su presencia en este foro internacional no solo refuerza la posición del país en el ámbito global, sino que también abre la puerta a nuevas alianzas estratégicas en temas clave como paz, cooperación económica, seguridad y cambio climático.

México en el G7: Una voz en el escenario internacional

El G7, conformado por las economías más desarrolladas del mundo, ha sido tradicionalmente un espacio de toma de decisiones que influye en el rumbo global. La invitación de Sheinbaum a esta cumbre por parte del primer ministro canadiense, Mark Carney, refleja el creciente reconocimiento de México como un actor clave en la región.

En sus intervenciones, la mandataria mexicana ha puesto énfasis en la necesidad de una cooperación internacional basada en la justicia y el bienestar común, subrayando que ninguna nación puede prosperar a costa del sacrificio de otras. Este enfoque resuena en un contexto en el que las desigualdades económicas y las crisis humanitarias exigen respuestas coordinadas y solidarias.

La defensa de los derechos de los migrantes

Uno de los temas centrales en la participación de Sheinbaum ha sido la protección de los migrantes. En medio de la serie de redadas impulsadas por el gobierno de Estados Unidos, la presidenta mexicana defendió los derechos de quienes han construido su vida con esfuerzo y dedicación. Su declaración en la cumbre fue clara: los migrantes no deben ser criminalizados, sino reconocidos por su contribución económica y social.

La postura de Sheinbaum refuerza el compromiso de México con una política migratoria más humana y justa, desafiando los discursos de exclusión y discriminación que han emergido en distintos países.

La propuesta de la Cumbre por el Bienestar Económico

En su intervención plenaria, Sheinbaum hizo un llamado a los líderes del G7 para trabajar con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en la Cumbre por el Bienestar Económico, un espacio que busca impulsar políticas de desarrollo más equitativas.

“La paz no consiste únicamente en la ausencia de guerra, también implica la presencia de justicia, comercio justo, oportunidades y respeto a los derechos humanos”, sostuvo la mandataria, citando una de las frases más representativas de Benito Juárez: «Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.»

La propuesta de la Cumbre por el Bienestar Económico no solo busca fortalecer las economías latinoamericanas, sino que también plantea la construcción de un sistema global más inclusivo, donde el desarrollo no esté concentrado en unas pocas potencias.

Encuentros clave y fortalecimiento de alianzas

Durante su participación en el G7, Sheinbaum sostuvo reuniones con líderes como el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, y el canciller alemán Friedrich Merz, abordando temas de cooperación bilateral, comercio e innovación tecnológica.

Además, en su encuentro con António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, discutió la actualización del tratado comercial entre México y la Unión Europea, reforzando el papel de México como socio estratégico en la región.

Un liderazgo activo en la política global

La participación de Claudia Sheinbaum en el G7 refleja una nueva etapa en la diplomacia mexicana, marcada por la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de un sistema económico más justo y la consolidación de alianzas estratégicas.

México, históricamente un país con fuerte influencia en América Latina, ahora busca ampliar su rol en el escenario internacional, promoviendo un enfoque de gobernanza basado en la cooperación y el respeto. La intervención de Sheinbaum en esta cumbre es un paso significativo hacia la consolidación de una política exterior más proactiva y alineada con los desafíos globales.

«La única manera de hacer frente a los desafíos globales es a través de la cooperación y el respeto mutuo.» Kofi Annan

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com