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XXIX CONGRESO HISPANOAMERICANO DE PRENSA INICIA HOY JUEVES 28, DESDE NUEVA YORK PARA EL MUNDO

Por: Araceli Aguilar Salgado

“La Inteligencia Artificial, Ética en el Periodismo y su consolidación en el mundo”

Nueva York, EE.UU. — El XXIX Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa inician hoy jueves 28 una nueva edición bajo modalidad virtual, consolidándose como uno de los encuentros internacionales más importantes del pensamiento crítico, la comunicación y el periodismo ético en Iberoamérica.

En esta ocasión, el eje central del congreso será: “La Inteligencia Artificial, Ética en el Periodismo y su consolidación en el mundo”. Un tema de gran actualidad que convoca al periodismo local, nacional e internacional a reflexionar sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la comunicación global.

Durante tres días, destacadas personalidades del ámbito periodístico, académico, tecnológico y cultural analizarán cómo la inteligencia artificial está transformando la producción informativa, redefiniendo las narrativas mediáticas y planteando nuevos desafíos relacionados con la ética, la transparencia y la responsabilidad social de los medios de comunicación.

TEORIA DEL ANTICROMO: Desde la ciudad de Nueva York para el mundo, este importante cónclave abrirá un espacio plural de análisis y debate sobre el impacto de los algoritmos, la automatización y las tecnologías emergentes en la construcción de sociedades más informadas, críticas y democráticas.

El Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa, próximos a cumplir tres décadas de trayectoria, reafirman su compromiso con la integración, profesionalización y fortalecimiento del gremio periodístico internacional, promoviendo la educación, la libertad de expresión y la defensa de los valores éticos del periodismo.

Como en cada edición, el evento contará con una destacada agenda de conferencistas nacionales e internacionales de alto nivel, convirtiéndose en un escenario académico y profesional que trasciende fronteras.

Los conferencistas invitados figuran: Dr. Ignacio Ramonet — España, Lic. Araceli Aguilar Salgado, Mtro. Ernesto Ríos Rocha — México, ícono del muralismo internacional, Ing. Jesús Eduardo Villarroel — Aruba/Venezuela, La Teoría del Anticrono, Dra. Jannette Patricia Jacobs — Bolivia, directora de la Carrera de Periodismo de UNIFRANZ, Dr. Héctor Geager, Dra. Lissette Montolío Payán, Dr. Luis González — República Dominicana, Dra. Cándida Díaz — República Dominicana, Dr. Fernando Agüero — México, Dr. Arcenio Estévez — República Dominicana, Dr. Hernán Velandia — Colombia, Lic. Luis Pérez — Presidente del CDP, República Dominicana, Lic. Alex Urquidi — Bolivia, Dr. Javier Hoyos Angulo — Colombia, Presidente del CNPC, Lic. Alcides Van Levin — Panamá.

Lic. Errol Díaz — República Dominicana, conocido como “El Cantor de la Paz”

Entre otros invitados especiales, así nos los confirmo el Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa.

Asimismo, los organizadores anunciaron que esta edición virtual servirá como antesala del gran congreso presencial que se realizará los días 28, 29 y 30 de octubre de 2026 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde se espera la participación de importantes exponentes internacionales del periodismo, la educación, la tecnología y la comunicación.

La convocatoria está dirigida a periodistas, comunicadores, locutores, editores, fotoperiodistas, académicos, estudiantes y al público en general interesado en debatir sobre los desafíos contemporáneos del ejercicio periodístico en tiempos de inteligencia artificial. (La entrada es gratis).

Los organizadores exhortaron a los participantes a integrarse puntualmente a las jornadas para poder optar al certificado oficial gratuito, el cual será otorgado a quienes asistan y participen durante los tres días completos del evento, conforme al registro oficial de la plataforma Zoom.

Horarios del Congreso

•             Jueves 28 de mayo de 2026: 6:45 PM a 9:30 PM

•             Viernes 29 de mayo de 2026: 6:45 PM a 9:30 PM

•             Sábado 30 de mayo de 2026: 6:45 PM a 9:30 PM

(Hora de Nueva York)

Acceso vía Zoom

ID de reunión: 890 4428 5331

Código de acceso: 053689

Participación virtual:Ingresar al Congreso vía Zoom

Llamado a la participación: “El Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa son una escuela ambulante al servicio de la educación, la orientación, la tecnología y la verdad; un espacio donde los participantes tienen la oportunidad de aprender, actualizarse y fortalecer su compromiso con la ética y la libertad de prensa”.

El Congreso Hispanoamericano de Prensa extiende una cordial invitación a formar parte de este encuentro histórico que fortalecerá los vínculos entre periodistas y comunicadores comprometidos con la verdad, la ética y la democracia.

“A casi tres décadas de camino, el Congreso Hispanoamericano de Prensa reafirma que la unidad de los comunicadores es la mayor fortaleza de nuestra democracia.”

¡Todos están cordialmente invitados! ¡Intégrate y participa!

Carlos Nina Gómez rompe paradigmas con “La Prensa vs la Perversidad”

Por: Amin Cruz

“Educación y comunicación son las alas con las que los pueblos alcanzan su libertad.”, Nelson Mandela

New York. — El reconocido periodista, escritor y educador dominicano Carlos Nina Gómez presenta su más reciente obra titulada “La Prensa vs la Perversidad”, un libro que marca un antes y un después en la reflexión sobre la desnaturalización del ejercicio periodístico y la pérdida de los valores esenciales de una prensa seria, ética y responsable.

La obra constituye una crítica profunda al deterioro de ciertos sectores de la comunicación contemporánea y, al mismo tiempo, una defensa firme del periodismo comprometido con la verdad, la investigación y la responsabilidad social. A través de un análisis crítico y reflexivo, el autor cuestiona las prácticas vinculadas al clientelismo mediático, la manipulación informativa y el sensacionalismo que, según expone, han debilitado la credibilidad de muchos medios de comunicación.

El Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa respaldan los planteamientos desarrollados por Nina Gómez en esta publicación, destacando el valor intelectual y ético de una obra que desafía las estructuras del llamado “periodismo por encargo” y denuncia las prácticas alejadas de los principios fundamentales de la profesión.

Carlos Nina Gómez, tiene una trayectoria construida con esfuerzo y credibilidad, sobre la base de respeto dentro del periodismo dominicano a nivel nacional e internacional. Desde temprana edad se integró a la defensa de los mejores intereses nacionales y desarrolló una carrera caracterizada por la disciplina, la honestidad y el compromiso social. Su paso por importantes redacciones y medios de comunicación del país le permitió consolidarse como uno de los periodistas más sobresalientes de su generación.

Con esta publicación “La Prensa vs la Perversidad”, el autor alcanza su libro número 23, reafirmándose como una de las figuras más influyentes y productivas del ámbito literario y periodístico de la República Dominicana. Su obra rompe con esquemas elitistas y demuestra que la excelencia intelectual puede construirse a partir del trabajo constante, la investigación y la defensa de la ética profesional.

Un análisis crítico del periodismo dominicano

En “La Prensa vs la Perversidad”, Nina Gómez realiza una radiografía detallada del ejercicio periodístico en la República Dominicana, abordando distintas etapas históricas desde las décadas de los años 50, 60, 70, 80 y 90 hasta la actualidad.

A lo largo de sus 215 páginas distribuidas en 21 capítulos, el autor analiza las transformaciones que ha experimentado la prensa nacional y examina los desafíos éticos que enfrenta el oficio en pleno siglo XXI. El ensayo también dedica espacio al periodismo deportivo especializado, destacando tanto sus aportes como sus debilidades dentro del panorama comunicacional dominicano.

La obra denuncia prácticas periodísticas vinculadas a intereses particulares y cuestiona a quienes utilizan los medios de comunicación como instrumentos de manipulación o desinformación. Sin embargo, también reconoce y exalta el trabajo de numerosos periodistas que ejercen su labor con integridad, respeto al público y apego a la verdad.

El prólogo fue escrito por la prestigiosa periodista y escritora Emilia Pereyra, quien resalta la profundidad crítica de la obra y el compromiso ético de su autor. Pereyra define el libro como un llamado de alerta frente a la superficialidad, la improvisación y la falta de rigor que afectan a determinados sectores de la comunicación moderna.

La puesta en circulación de “La Prensa vs la Perversidad” se realizará este miércoles 27 de mayo en el local del Colegio Dominicano de Periodistas, seccional de Santiago de los Caballeros.

El Congreso Hispanoamericano de Prensa y el Congreso Mundial de Prensa, se une al llamado que hace la filial del Colegio Dominicano de Periodistas, CDP, en Santiago de los Caballeros, a la puesta de circulación del libro del periodista Carlos Nina Gómez, en el local de la entidad. Esta invitación es especial a todos los periodistas, comunicadores sociales, escritores, estudiantes de periodismo y al público en general para asistir a este importante acto cultural e intelectual.

Esta actividad será una valiosa oportunidad para reflexionar sobre el presente y el futuro del periodismo dominicano, así como para intercambiar ideas sobre la necesidad de fortalecer una comunicación basada en la ética, la verdad y el compromiso social.

La Prensa vs la Perversidad” no solo representa una obra literaria de gran contenido crítico, sino también una invitación a transformar la práctica periodística y recuperar los valores fundamentales de una profesión indispensable para la democracia y la sociedad.

“El periodismo no solo informa, sino que transforma la conciencia de las naciones”, Araceli Aguilar Salgado.

La pluma debe ser el pincel de la verdad, no el arma del caos; en su tinta reside la paz y la democracia de las naciones”, AC. Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador.

Escritores y Periodistas Dominicanos Eligen Nueva Directiva de la ASEPED para el Período 2026-2030

“El buen periodista es un apasionado por la verdad”, Dr. Javier Darío Restrepo

La Asociación de Escritores y Periodistas Dominicanos (ASEPED) celebró una Asamblea Nacional Extraordinaria en la que fue escogida su nueva directiva para el período 2026-2030, con la participación de decenas de escritores, periodistas e intelectuales del país.

La actividad tuvo lugar en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, ubicada en la Plaza de la Cultura, en Santo Domingo, y se desarrolló en un ambiente de confraternidad, compromiso institucional y reconocimiento al trabajo literario y periodístico nacional.

Renuncia de José Gómez Cerda y balance de gestión:
La asamblea inició con las palabras del presidente saliente de la ASEPED, José Gómez Cerda, quien explicó las razones de su renuncia a la presidencia de la institución, motivada por recomendaciones médicas relacionadas con problemas de salud ocasionados por largas jornadas de trabajo frente a la computadora.

El veterano escritor y educador señaló que durante años mantuvo una intensa labor institucional, dedicando alrededor de diez horas diarias a trabajos administrativos, literarios y organizativos, situación que le obligó a disminuir ese ritmo de trabajo.

Durante su intervención, Gómez Cerda destacó el papel histórico de la ASEPED como una entidad comprometida con el fortalecimiento de la literatura, el periodismo y la formación cultural en la República Dominicana.

“ASEPED ha sido, desde su fundación, una institución al servicio de los escritores y periodistas dominicanos. Nuestro trabajo siempre ha sido voluntario; ninguno de los directivos recibe salario por sus funciones”, expresó.

Asimismo, realizó un recuento de importantes iniciativas impulsadas por la institución, entre ellas la publicación de la revista institucional, el funcionamiento de la Escuela de Escritores y la realización de los Premios Caonabo de Oro, actividades que han contribuido al desarrollo cultural y literario del país.

El intelectual exhortó a los presentes a mantener el compromiso con el fortalecimiento de la ASEPED, promoviendo el amor por las letras, el conocimiento y el servicio cultural.

Elección de la nueva directiva:
Posteriormente, el director de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña y destacado escritor dominicano, Rafael Peralta Romero, explicó las funciones correspondientes a cada cargo directivo y dio paso al proceso de elección.

La asamblea aprobó de manera unánime la única plancha presentada, sin presentar objeción, quedando conformada la nueva directiva de la ASEPED de la siguiente manera:
• Presidente: Isael Pérez
• Vicepresidentes: Luis José Chávez y José Espinosa
• Secretaria de Organización: Alma Santana
• Secretaria de Asuntos Legales: Elena Ramos
• Secretario General: Lorenzo Araujo
• Secretario General Adjunto: Carlos M. Estrella
• Secretario de Asuntos Financieros: Rafael Peralta Romero
• Secretario de Actas y Correspondencias: Alejandro Arvelo
• Vocales: Cristian Gómez y Ariella Adames
• Comisarios: Quiterio Cedeño y Rafael García Bidó
• Asesores: Ramón Benito de la Rosa y Carpio y Frank Moya Pons

La nueva directiva fue juramentada por el presidente saliente, José Gómez Cerda.
Isael Pérez asume la presidencia de la ASEPED… Tras asumir formalmente el cargo, el nuevo presidente de la ASEPED, Isael Pérez, agradeció el respaldo recibido y reconoció el trabajo desarrollado por José Gómez Cerda durante décadas al frente de la institución.

“Una de nuestras metas será participar en todas las ferias del libro y eventos culturales nacionales e internacionales a los que seamos invitados. Trabajaremos con ética, compromiso y responsabilidad para fortalecer la ASEPED y alcanzar nuestros objetivos institucionales”, manifestó Pérez.

El nuevo presidente también dedicó emotivas palabras de reconocimiento a Gómez Cerda, resaltando su trayectoria literaria y su compromiso con la cultura dominicana.
Destacó que el escritor ha publicado más de 115 libros y ha desarrollado una extensa labor cultural y comunitaria tanto en República Dominicana como en diversos países del mundo.

“José Gómez Cerda representa un ejemplo de honestidad, entrega, disciplina y amor por la literatura. Su legado permanecerá como guía para las nuevas generaciones de escritores y periodistas dominicanos”. Asimismo, afirmó “que aspira a continuar dirigiendo la institución bajo los principios de trabajo, transparencia y servicio promovidos por su antecesor”. Expresó Isael Pérez.

Reconocimientos y entrega de certificados: Durante el acto también se resaltó el trabajo realizado por la Escuela de Escritores Dominicanos, dirigida por José Gómez Cerda, considerada una de las principales iniciativas de formación literaria virtual en el país.

La escuela recientemente graduó a 30 nuevos escritores a través del curso “Cómo escribir un libro”, convirtiéndose en una experiencia significativa para la promoción de la creación literaria dominicana.

En ese contexto, se entregaron certificados a los participantes del programa formativo y se realizó un reconocimiento especial a José Gómez Cerda por su trayectoria y dedicación al frente de la ASEPED durante muchos años. El homenaje incluyó la entrega de una placa de reconocimiento al mérito cultural y literario.

Participación de destacadas personalidades, el evento contó con la presencia de reconocidas figuras del ámbito cultural, académico y periodístico nacional. Entre los asistentes se destacó el periodista y escritor Carlos Nina Gómez, reconocido por sus aportes al periodismo deportivo, la filosofía y las letras.

Durante la actividad quien suscribe recibió la reciente publicación de su obra La Prensa vs. la Perversidad, considerada como un importante aporte al pensamiento crítico y al ejercicio ético del periodismo.

La jornada concluyó en un ambiente de celebración y confraternidad, con un brindis coordinado por Oneida y Adalgisa González de Editorial Santuario a todos los presentes, marcando así el inicio de una nueva etapa institucional para la Asociación de Escritores y Periodistas Dominicanos (ASEPED).

“La escritura es la única manera de hacer eterno lo efímero”, Isabel Allende.

Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador

Joseíto Mateo y cómo la vellonera accidentó su vida artística

POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO

Sociólogo – Comunicador Dominicana

Desde muy temprana edad tuvo Joseíto Mateo, quien tiempo más tarde lograra extraordinaria notoriedad como El Rey del Merengue, una vida tortuosa, polifacética, cargada de incontables anécdotas.

De sus humildes orígenes se destaca que realizó diversos oficios callejeros, además de ser picapedrero bajo el ardiente sol, teniendo siempre el ejemplo de abnegación y laboriosidad de su madre quien, en procura de producir el sustento de la familia, además de realizar los quehaceres domésticos, dedicó una gran parte de su existencia al lavado y planchado de ropas a personas pudientes que confiaban en su seriedad y cumplimiento.

El hoy inmortal del canto popular dominicano, nació un 6 de abril de 1920, en Juana Brava, una aldea pobre de San Isidro, ubicada al Este de la capital, teniendo como progenitores a Paulino Tamárez y Altagracia Mateo, naturales de San Cristóbal.

A manera de evocación, cuenta su biógrafo, el connotado escritor y humorista José Jáquez, en su obra titulada El merengue tiene un Rey, que el primer grupo organizado en el cual participó Joseíto Mateo como cantante se llamó Cuarteto Alma Criolla, en donde imitaba las canciones de popular Cuarteto Machín de origen cubano.

 Para entonces, 1935 hasta 1937, Alma Criolla estuvo integrado por Luis Ortíz, quien tocaba el tres; Hachi Benitez, la guitarra y un joven sólo conocido como Panchito, ejecutante de la clave, además de cantar a dúo con Joseíto en la emisora HI8Q.

De igual modo, el brillante cultor de gregarias, hijo de Sajoma, en la Sierra de Santiago de los Caballeros, puntualiza que, en 1938, a la edad de 18 años, Joseíto fue a cantar a un cabaret llamado El Tocón, en San Cristóbal, a orillas del río Nigua, entonces caudaloso.

En aquel establecimiento de esparcimiento, sus propietarios le asignaron una pequeña habitación donde su madre lo acompañaba al entonces nobel vocalista.

Un año después de su permanencia en El Tocón, el extrovertido Joseíto Mateo, junto a un afinado sexteto y en procura de vivir una nueva aventura, decidió trasladarse a la ciudad de Barahona, donde esperaba alcanzar un mayor nivel de popularidad y mejoría económica.

Para entonces, la llamada Perla del Sur era una ciudad próspera con un ingenio azucarero pujante, minas de sal y yeso y con un gran movimiento portuario, en donde la circulación de dinero lucía acentuada.

No obstante, la realidad pareció hacerle una mala jugada al talentoso y carismático cantante y bailador dominicano.

A finales de los años treinta del siglo pasado, concretamente “en 1939, llegó al país la vellonera, aquella máquina con luces multicolores reproductora de disco de 78 revoluciones por minuto”, denominada, tiempo después como “tumba musico”.

La aparición de la mencionada caja sonora hizo que el dueño del negocio de “diversión” donde laboraba Joseíto y sus amigos quedaran sin trabajo y no les quedara otra opción que todos regresar a su lar nativo.

En cambio, dado las facilidades y el costo que implica oír música de la vellonera, aumentó la asistencia de público al cabaret mencionada y por tanto, el cúmulo de ganancia económica para su propietario.

En pocas palabras, tal como refiere el inolvidable José Jáquez, en sus interesantes y apretadas narraciones, “La llegada de la vellonera a Barahona determinó que los músicos que no eran nativos de esa ciudad o entorno retornaran a sus sitios de origen” y en el caso concreto de Joseíto Mateo apunta que  “Las mujeres del cabaret donde cantaba… tuvieron que hacer una colecta para poder pagar cuatro pesos por el pasaje de retorno en una goleta, que se llamaba La Julia y que transportaba pasajeros desde Barahona a Santo Domingo”, dado que era más fácil que viajar por tierra, por “una horrorosa carretera que dilataba los viajes”.

Contrario a lo ocurrido con el cantante merenguero en cuestión y sus músicos acompañantes, “la llegada de la vellonera favoreció a los “cueros”, pues había mayor afluencia de clientes atraídos por la novedad del aparato” y lógicamente, resultaba de beneficio para “los dueños de negocios, que se ahorraban así lo que tenían que pagar a los músicos”.

En definitiva, con la incorporación del recurso sonoro aludido no tuvo Joseíto Mateo otra alternativa que llegar a la capital del país en donde necesariamente tuvo que asumir otra ocupación diferente al arte de cantar.

A partir de ese momento, fundamentalmente, tuvo que comenzar a trabajar como pulidor de muebles, puertas y ventana en La Caobera“…en donde tenía que sacar el aserrín que caía en las sierras eléctricas al trabajar los enormes troncos de caoba, generalmente procedentes de las montañas de Jarabacoa y San José de Las Matas, donde funcionaban los aserraderos” que por supuesto, eran propiedad de Trujillo o de algunos de sus testaferros.

Discurrido el tiempo y siempre motivado por la aspiración de convertirse en una estrella del canto popular criollo de inmensa dimensión, con su talento, carisma, persistencia y dedicación, el versátil artista logró enrolarse a la radio nacional con el espaldarazo de Paco Escribano, Frank Hatton y José Arismendy Trujillo Molina (Petán), en La Voz del Yuna, luego Palacio Radio Televisor La Voz Dominicana, y por consiguiente con su extensa pléyade de artistas y comunicadores, hasta abrazarse, en el presente, con la inmortalidad, siendo distinguido y coronado como El Rey del Merengue por y para siempre.

Lo demás es sacrificio, dedicación, perseverancia y porque no, historia de un cultor del canto y el baile comprometido con la alegría y la identidad cultural en un país donde, a pesar de los pesares, ¡¡se puede…!!AA

¡Paren de llamarle Democracia! es una Cleptocracia Dominicana

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Por el Dr. H. Geager

La cleptocracia (del griego klepto -robo- y kratos -poder-) es un sistema de gobierno donde los líderes corruptos utilizan el poder político para robar la riqueza de la nación y malversar fondos públicos, desviviéndose por el enriquecimiento propio. Es esencialmente un «gobierno de ladrones» que prioriza la corrupción

Características y ejemplos de uso:

* Enriquecimiento ilícito: Funcionarios desvían dinero público para su beneficio personal.

* Corrupción estructural: La corrupción no es un evento aislado, sino el método de operación del Estado.

* Licitaciones amañadas: Uso de testaferros, sobreprecios en obras públicas y creación de empresas fantasma.

Wikipedias( accessed abril 27, 2026)

El liderazgo, la confianza y la corrupción suelen reflejar las sociedades que los sustentan.

En la República Dominicana, estos elementos se entrelazan como los hilos de un tejido apretado: difíciles de separar, imposibles de ignorar. Comprender esta realidad depende, sobre todo, del momento histórico y del tipo de sistema político vigente. Cada nación, en cada punto de inflexión, refleja las consecuencias de su diseño político y sus costumbres sociales.

Para comprender el caso dominicano, imaginemos una sociedad donde casi todas las instituciones funcionan bajo la sombra de la desconfianza. Según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional de 2025, la República Dominicana se situó entre los países con peores resultados del Caribe en indicadores de confianza pública. Esta cifra solo cuantifica lo que los dominicanos han sentido durante décadas: que la corrupción no es una excepción, sino un sistema. Los escándalos que involucran a funcionarios públicos —a veces altos ministros, a veces alcaldes— no se comentan con indignación, sino con resignación, como si el robo fuera simplemente otro impuesto que un ciudadano debe pagar.

La confianza es la moneda invisible de la democracia. En lugares como Costa Rica, la confianza en el poder judicial se mantiene relativamente alta, lo que sustenta la creencia de que la justicia, aunque lenta, finalmente llega. Pero en la República Dominicana, la fe en el sistema judicial se ha erosionado hasta tal punto que incluso los inocentes dudan de poder probar su inocencia. Circulan historias de jueces y fiscales sobornados y juicios postergados indefinidamente. Un ciudadano que presencia una injusticia rara vez espera reparación; con mayor frecuencia, da por sentado que el resultado ya está decidido antes de entrar en la sala del tribunal; como los casos pulpos, calamares y demás moluscos.

La vida política, lejos de ser una vocación de servicio, se ha convertido en un mercado de favores. Un representante promete un puesto; un alcalde consigue un contrato público; un leal al partido recibe protección, como el caso SENASA. Es una economía de reciprocidad, pero no de justicia: un clientelismo burocrático que transforma la política en un sistema transaccional. Muchos de quienes operan dentro de él se creen líderes, pero su liderazgo es gerencial, no moral. Gestionan alianzas, no ideales; distribuyen privilegios, no oportunidades.

Si comparamos esto con periodos de reforma en la historia latinoamericana, emerge un patrón. En Chile, tras la transición de 1990, por ejemplo, la democratización fue acompañada de fortalecimiento institucional. Allí, la legitimidad de la política se reconstruyó gradualmente mediante leyes de transparencia y educación cívica. La República Dominicana se encuentra en un punto de inflexión similar: o reforma las instituciones para restaurar la legitimidad, o permanece atrapada en un ciclo donde la desconfianza se reproduce.

Lo más preocupante, sin embargo, es que esta corrupción se infiltra en el tejido social cotidiano. El dicho dominicano «no te dejes» resume un instinto general de supervivencia. Todos temen ser engañados, no solo por los políticos, sino también por los demás. Cuando la corrupción se vuelve sistémica, la decadencia moral se extiende. El vendedor ambulante exagera sus precios; el conductor soborna a la policía; el burócrata inventa una tarifa. La sociedad refleja a sus líderes. La pregunta, entonces, no es si la política dominicana puede cambiar, sino si la sociedad dominicana cree que puede. La historia demuestra que las sociedades que recuperan su brújula moral pueden reformar incluso los sistemas más corruptos. Pero esa recuperación exige un cambio cultural: de la política transaccional al liderazgo transformador, del cinismo a la responsabilidad colectiva. Hasta entonces, la República Dominicana corre el riesgo de seguir siendo una democracia de nombre, pero no de espíritu: un sistema donde se cuentan los votos, pero se pierde la confianza.

Del trueque al QR: Las billeteras móviles tejen inclusión en el altiplano aymara

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Cada sábado, la feria en Batallas despierta antes que el sol. Al municipio aymara —de la provincia Los Andes, en el departamento de La Paz, Bolivia, ubicado a 55 kilómetros al noreste de la ciudad de El Alto— llegan agricultores y comerciantes desde comunidades distantes, y compradores desde el Perú en busca de ganado vacuno.

La plaza central se llena de voces que negocian y de miradas que calculan sin prisa los precios, como se ha hecho siempre.

Son generaciones que conocieron el peso exacto del trueque —cuando tres atados de cebolla equivalían a un kilo de chuño— pasaron luego por el dinero contado billete a billete y hoy sostienen un celular como si siempre lo hubieran hecho.

El gesto es nuevo, pero no la lógica de medir lo justo: un código QR reemplaza al efectivo y la transacción ocurre en segundos.

En Batallas, a 3.985 metros sobre el nivel del mar, entre el murmullo bilingüe y la primera luz del día, pasado, presente y futuro conviven en una pantalla iluminada.

Alcancía digital

Las aplicaciones han permitido que comerciantes, agricultores y familias aymaras accedan al sistema financiero formal sin sucursales bancarias, con solo un celular y conectividad rural.

Entre el «Janiwa chhika qullqiru» —no tengo tanta plata— y el mugir del ganado, irrumpe ahora un sonido nuevo: el tono de notificación de un celular. Una transferencia recibida. Un pago confirmado.

La modernidad digital se ha instalado sin pedir permiso en el corazón del altiplano aymara.

El Censo de Población y Vivienda 2024 confirma la vitalidad de este pueblo: de 11.365.333 habitantes que tiene Bolivia, 774.874 personas son aymaras.

Son números que señalan una resistencia cultural que se mantiene viva en cada transacción de la feria de Batallas, en cada notificación de celular, en cada «janiwa» de negación que se pronuncia mientras se frustra una negociación o el «jisa» afirmativo para confirmar una venta.

Es el caso de doña Gregoria Quispe, quien con las manos que han ordeñado vacas desde antes del amanecer ya no recibe billetes desgastados y sucios. Ahora extiende un código QR pegado rudimentariamente en un cartón sobre su puesto de comida.

«Yape», dice simplemente, pronunciando la palabra como si fuera aymara.

El código QR —ese cuadrado de pixeles blancos y negros— es el nuevo puente entre la tradición ancestral del trueque y el sistema financiero global.

El miedo al dinero en papel

Antaño, viajar con efectivo desde las comunidades hasta las ferias del altiplano fue un acto de riesgo. Los caminos solitarios, las madrugadas oscuras, los asaltos ocasionales: todo conspiraba contra el dinero en papel.

«Qullqixa ch’uxuw», dice don Marcelino Mamani, productor de papas de la comunidad Huayna Potosí de Palcoco.

«El dinero atrae al ladrón», traduce su hijo, Juan, estudiante de Ingeniería Agrónoma en la Universidad Católica Boliviana, sede Batallas.

«Antes, cuando mi papá vendía sus productos, tenía que guardar los billetes en el sombrero, en los bolsillos. Y siempre con miedo».

Según datos de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), en 2024 el 70% de la población adulta en Bolivia tenía una cuenta bancaria, un salto significativo desde el 56% registrado en 2018.

Pero el dato más revelador está en el uso: en 2021, más del 30% de esas cuentas eran utilizadas mediante tecnología para realizar pagos digitales.

Para 2025, aunque los datos exactos están en consolidación, la tendencia se aceleró exponencialmente, especialmente en zonas rurales.

El celular —chililiri en aymara— se convirtió en la alcancía de ahorro más segura del altiplano.

De los jóvenes a los viejos

Todo empezó con los jóvenes estudiantes de la Universidad Católica en Batallas que llegaban desde La Paz, El Alto y la frontera con Perú, ya habituados a usar billeteras digitales para todo: desde pagar la pensión hasta comprar el Api, esa bebida caliente de maíz morado en los puestos callejeros.

Felipe Huyo, estudiante de último año de Medicina Veterinaria, recuerda que, en 2022, tras la pandemia, descargó Yape por recomendación de un amigo peruano.

«Al principio mi papá se reía», cuenta Felipe. «Decía: ¿Cómo va a entrar el dinero por el teléfono?»

Pero la barrera del cambio no se rompió con publicidad bancaria ni con folletos en español. Se rompió con la lógica comunitaria más antigua del altiplano: «Si el vecino lo usa y funciona, yo también».

En aymara existe una palabra para esto: “Jumanakampi juk’amp amuyt’asipjjañani”. Significa, aproximadamente, «debemos entendernos siempre». Y en Batallas, el entendimiento llegó de celular a celular, de vecino a vecino, y el código QR es visible en puestos de venta.

«Es lo más fácil», dice Mayra Bascopé Patty, de 21 años, quien ayuda a administrar la pensión de sus padres.

«Mis clientes me pagan así. Ya ni traen efectivo».

Nueve de cada diez

Lo que sucede en Batallas es el reflejo de una transformación nacional que tiene protagonista indiscutible: el QR Simple.

Según reportes de Asoban, a octubre de 2025 las transferencias electrónicas interbancarias alcanzaron los 68.333 millones de dólares.

Pero el verdadero salto está en el número de operaciones: se superaron los 340 millones de transferencias, un incremento del 127,1% respecto a los primeros diez meses de 2024.

Dentro de estos avances, sobresale el uso del QR Simple que en octubre de 2025 representó el 89% del total de transferencias electrónicas.

Es decir, de acuerdo con Asoban, de cada diez transferencias que se realizan en Bolivia, nueve son a través del QR Simple.

Pero el dato que mejor explica lo que sucede en ferias como la de Batallas, es otro: Según Asoban, el 51,2% de las transferencias por QR Simple se realiza por montos menores a 50 bolivianos, con su impacto en las transacciones de bajo valor y, en consecuencia, su aporte a la inclusión financiera en el país.

Altoke con los productores

A las cinco de la mañana, cuando las estrellas todavía brillan sobre el cielo, don Paulino Laura ya está ordeñando sus vacas en la comunidad de Villa Remedios de Calasaya. Cada vaca da entre 15 y 20 litros diarios. La leche se vende fresca a los queseros de Batallas, pero también a intermediarios.

Don Paulino tiene una deuda. Él aclara que es un microcrédito con BancoSol. En marzo de 2025, pidió prestado 11.000 bolivianos para comprar tres jóvenes vacas lecheras. Las cuotas mensuales son de 480 bolivianos, más intereses.

Antes de la pandemia, pagar las deudas era una odisea. Se tenía que guardar el dinero de las ventas durante todo el mes, viajar hasta la agencia de BancoSol en Achacachi, hacer fila, a veces perder medio día de trabajo. Ahora se usa Altoke.

«El señor del banco vino a la comunidad y nos explicó», cuenta don Paulino en un castellano mezclado con aymara.

«Dijo que con el Altoke podíamos pagar las cuotas desde el celular. No lo creí, pero mi hijo me ayudó a instalarlo».

La billetera digital se diseñó precisamente para esto: integrar el cobro de la venta diaria con el pago de las cuotas de microcrédito.

Feria de los sábados en el municipio de Batallas. Foto: Mauricio Carrasco.

Yasta, el Estado en el bolsillo

Doña Felipa Condori tiene 62 años y cobra la Renta Dignidad, el bono que el Estado boliviano otorga a los adultos mayores. Cada mes, recibe 350 bolivianos.

Un lustro atrás, cobrar ese subsidio significaba viajar hasta El Alto.

«Wali jach’awa» —muy cansador—, dice.

Pero desde 2023, doña Felipa usa Yasta, la billetera digital del Banco Unión, a pesar de la comodidad de contar con una sucursal física en Batallas.

De acuerdo con la Asociación de Bancos Privados de Bolivia, los Puntos de Atención Financiera (PAF) de todos sus afiliados crecieron considerablemente, alcanzando los 11.959, lo que significa que el 98% de los municipios del país cuentan ahora con cobertura de servicios financieros físicos.

Además, según datos de Asoban, en 2018 apenas el 41% de los adultos en Bolivia tenían acceso a una cuenta financiera. Para 2024, esa cifra se disparó al 70%.

El código QR de las cosas grandes

A las afueras de Batallas, en la carretera que conecta con Puerto Pérez, don José Luis Condori, sus hijos adultos y sus hermanos crían ganado vacuno. Es un negocio próspero, alimentado por el creciente interés del vecino Perú.

Don Roberto vende entre tres a cinco cabezas de ganado en las ferias semanales. Durante años, esas transacciones se hacían en efectivo.

Desde 2024, él y su familia utilizan Zaz, la billetera digital del Banco Económico. Zaz está diseñada para transacciones de mayor volumen, con límites más altos orientados a comerciantes formales.

«Ahora, cuando alguien compra un animal, me transfiere por Zaz y el banco me conoce», dice don Roberto.

La digitalización de montos mayores tiene un efecto colateral importante: formalización.

Estudiantes de Veterinaria, sucursal Batallas agentes del cambio. Foto: Mauricio Carrasco

El aprendizaje digital

En la casa de doña Gregoria Quispe, su nieto Kevin, de 17 años, alumno de la secundaria en Batallas, le enseña cómo usar las aplicaciones del celular. Le muestra cómo leer las notificaciones, cómo verificar el saldo, cómo escanear un código QR.

«Mi nieto es mi profesor», dice doña Gregoria. «Jupax yatichaskiwa» (él me enseña).

Pero el aprendizaje no es unidireccional. Kevin también aprende. Aprende cómo regatear en aymara, cómo tratar con respeto a los clientes mayores. Aprende la lógica del ayni, la reciprocidad andina.

Este aprendizaje intergeneracional es uno de los fenómenos de la inclusión financiera digital en Batallas. No hay capacitadores formales, no hay talleres del banco. Hay familias. Hay comunidad. Hay confianza.

Y la confianza llegó cuando el vecino le enseñó al vecino, cuando el hijo le enseñó al padre, cuando la nieta le enseñó a la abuela, todo fluyó de forma natural.

Pero son los avances en materia de uso —no solo de acceso— los que están redefiniendo la inclusión financiera en Bolivia, particularmente en servicios asociados a la banca digital, destaca Asoban.

Y lo que ocurre en Batallas no es una excepción aislada, sino parte de un cambio más amplio.

Según la entidad, el uso de efectivo en Bolivia ha disminuido en los últimos años, con múltiples ventajas: mayor seguridad, más higiene —especialmente relevante después de la pandemia de COVID-19—, más comodidad —no hay que contar billetes, no hay que buscar cambio— y la formalización como valor agregado, porque las transacciones digitales dejan rastro, lo que facilita el acceso a créditos formales.

Pero  nada de esto sería posible sin conectividad.

Según datos de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT), en 2012 sólo el 0,7% de los hogares rurales tenía acceso a internet.

Para 2024, el Censo de Población y Vivienda registró un salto al 53,9%, permitiendo que más de la mitad de la población rural se integre a la economía digital.

En Batallas, la señal 3G llega hasta las comunidades más alejadas. No es perfecta —a veces se cae, a veces es lenta—, pero existe. Y con eso basta para cambiar la economía local.

La feria ganadera en Batallas, entre la madrugada y el alba. Foto: Mauricio Carrasco

Identidad y tecnología

En el altiplano paceño, bajo la mirada eterna de las montañas y los nevados, la ancestral identidad no se pierde por usar tecnología.

Doña Felipa Condori usa Yasta, pero sigue hablando aymara. Don Marcelino Mamani paga con Yape, pero sigue con ofrendas a la Pachamama antes de sembrar. Doña Gregoria cobra con códigos QR, pero sigue preparando su queso con las recetas que le enseñó su abuela.

El código QR —ese invento japonés de los años 90, pensado para rastrear piezas de automóviles— es ahora el símbolo de una revolución silenciosa en el altiplano.

Según la Asoban, Bolivia alcanzó un índice de bancarización del 70% en 2024, pero lo más significativo es el salto en la inclusión financiera integral: aquella que no sólo mide si alguien tiene cuenta bancaria, sino si realmente la usa.

En las noches de Batallas, cuando el viento calma y el silencio se impone, las familias se reúnen alrededor de la mesa. Se habla en aymara. Se come chuño con queso. Se toma mate de coca.

Y en algún momento, suena una notificación. El dinero llegó.

El código QR pegado en el cartón de sus pequeños comercios es una herramienta más en la larga historia de adaptación del pueblo aymara. Como el poncho de lana que protege del frío, como el aguayo que carga al bebé, como el arado que surca la tierra, la economía por celular es ahora parte de la vida cotidiana.

En Batallas, los sábados despiertan antes que el sol. Solo que sus habitantes pagan de otra forma. Cobran. Ahorran. Viven. Ahora sostienen el celular en una mano y un puñado de tierra en la otra.

*Mauricio Carrasco es periodista y escritor boliviano con más de tres décadas de trayectoria en medios de prensa escrita. A lo largo de su carrera, ha sido distinguido con 20 premios de periodismo. Entre estos galardones destaca el segundo lugar en el renombrado Premio Gabriel García Márquez de Crónica Periodística 2023. Hoy, es docente de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo de La Paz, Bolivia.

El Centro de Estudios de Posgrado celebra la clausura de su segunda generación doctoral

“La grandeza de un ser humano no se mide por lo que posee, sino por lo que entrega al mundo.”

Una ceremonia con trascendencia internacional

Ciudad de México, 25 de abril de 2026. El Centro de Estudios de Posgrado (CEP) celebró el sábado 25 de abril el acto académico de clausura de la promoción 2024–2026 del Doctorado en Género, Derecho y Proceso Penal, correspondiente a su segunda generación. La ceremonia, realizada en modalidad virtual, reunió a autoridades académicas, la Coordinadora de Posgrado, familiares y personas allegadas a las y los egresados, en un evento que trascendió fronteras por su significado social y académico.

Reconocimiento institucional

Durante su intervención, el Dr. Hugo Felipe Guzmán Muñoz, Director Académico, destacó la labor de todas las personas implicadas en la formación doctoral y subrayó que “el papel de las y los egresados es fundamental en el prestigio de una institución, al ser su carta de presentación”. Asimismo, señaló que el doctorado representa una pauta tanto en el desarrollo profesional como en el personal de quienes lo cursan.

A las y los candidatos a doctores y doctoras se les recordó con orgullo la frase de Ernest Hemingway: “El secreto de la sabiduría es la humildad”. La humildad, como base del conocimiento, abre la puerta a la verdadera sabiduría y se convierte en un principio rector para esta generación.

Palabras de gratitud

En representación de sus compañeros, la alumna Dilcia Samantna García expresó un profundo agradecimiento a la Coordinadora Académica, Mtra. María Luisa Kumul Manzanero, y al Dr. Hugo Felipe Guzmán Muñoz, quien ha sido el gran motivador y columna vertebral en el proceso de elaboración de la tesis. García resaltó que estos dos años de arquitectura del conocimiento estuvieron dedicados a favor de las niñas y mujeres, reconociendo al CEP como una institución especializada en la formación de profesionales del derecho y del sistema de justicia, con más de veinte años de trayectoria y presencia en diversas ciudades del país.

El CEP se ha consolidado como referente en maestrías, doctorados y especialidades, con un cuerpo docente integrado por jueces, fiscales y defensores públicos, reconocidos a nivel nacional e internacional en el ámbito de la educación jurídica y los posgrados.

Hermandad académica

El CEP brindó un alto nivel de conocimiento. Como servidores públicos provenientes de distintos ámbitos sociales, humanistas y de las ingenierías, los estudiantes recibieron un gran aprendizaje de sus catedráticos y mentores. Cada compañero aportó su experiencia y saber desde su profesión, y hoy los une una hermandad de causa: servir para construir un mundo de igualdad, por la vida y la libertad de las mujeres.

Palabras de la Coordinadora Académica

La Mtra. María Luisa Kumul Manzanero dirigió unas palabras a los egresados, reconociendo el sacrificio de tiempo y esfuerzo que implicó culminar sus estudios. Señaló que descubrir el propio potencial y superar las adversidades significa subir un peldaño hacia ser mejores seres humanos y profesionistas. Todos enfrentaron obstáculos con sacrificio y hoy culminan sus estudios como doctores brillantes, con muchos éxitos por delante.

En esta ceremonia se dio el último pase de lista, confirmando que concluyeron sus estudios 28 estudiantes de la segunda generación del Doctorado en Género, Derecho y Proceso Penal, entre ellos:  Araceli Aguilar Salgado, Deyanira Altamirano Gómez, Anabel Banda Luis, Elizabeth Cabrera Chávez, María del Rocío Cepeda Medallón, Monibeth Chávez López García, Alma Viviana Ceballos, René Fuentes Gómez, Dilcia Sahmatha García Espinoza, Lucía Sarai García Juárez, María Hadad Castillo, Elia León Salazar, Belthzmar López Estrada, Tabatha López Rebollo, María del Pilar López Rueda, Emma Josefina Luna Saet, Rosario Sarai Martínez López, Beatriz Mateos Ayala, Norma Liliana Mendiola Gómez, María del Carmen Otaña, Carmen Susana Pérez Marrón, Bárbara Patricia Rodríguez Navarro, Tania Berenice Rojas del Valle, Miguel Ángel Ruiz Martínez, Alma Delia Sandoval Rodríguez, Karen Santa Cruz Beton, Eric Esteban Solís Salgado y Libeth Velázquez de la Torre.

Clausura solemne

La ceremonia concluyó con las palabras de despedida del Dr. Hugo Felipe Guzmán Muñoz, quien compartió la oración que se entona en todas las universidades del mundo al término de los estudios de posgrado: el himno universitario Gaudeamus Igitur, también conocido como De brevitate vitae.

¿Dónde están los que antes de nosotros en el mundo vivieron? Subid al cielo, descended al infierno, donde ellos ya estuvieron. ¡Viva la academia, vivan los profesores, viva cada uno de sus miembros, vivan todos los miembros, que siempre florezcan!

A nombre del Rector del Centro de Estudios de Posgrado, Dr. Óscar Delgadillo, y de la Directora, Mtra. Elsa Delgadillo Aguirre, se dio por concluida la ceremonia con un mensaje de felicitación:

“Enhorabuena, muchas felicidades a esta generación de doctoras y doctores que culminan con éxito su formación.”

Conoce este instituto https://cposgrado.edu.mx/

“La educación es el camino más seguro hacia la equidad y la dignidad humana.”  Nelson Mandela

Dr. Amín Cruz, CEO, presidente y fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa; Padre Embajador del Periodismo Hispanoamericano y Latinoamericano, diplomático, periodista, historiador, escritor y educador

Ataques personales y guerra sucia: el costo de entrar en política en Bolivia

*Luis Franco Terceros

“Tu padre es un ladrón. Y tú vas a terminar igual”.

El mensaje apareció en la pantalla del celular de Luis Franco Terceros una tarde a principios de este año durante la campaña electoral municipal de la ciudad de La Paz, Bolivia.

Tenía 19 años, era candidato a concejal y de pronto comprendió que la política boliviana no iba a tratarlo como a un novato inocente. Lo trataría como a un blanco.

Todo había comenzado el 20 de enero de 2026, cuando un frente político le ofreció ser parte de su lista. Franco aceptó casi sin pensarlo.

Reuniones, videos de campaña, desconocidos que lo saludaban en la calle y le pedían fotos.

Era la primera vez que sentía ese peso particular: que alguien esperaba algo de él en el espacio público. 

La sombra del 2019

Para entender los ataques que recibió Franco, hay que remontarse a octubre y noviembre de 2019, cuando Bolivia vivió una de las crisis políticas más profundas de su historia reciente.

Tras las elecciones generales del 20 de octubre, una auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) detectó irregularidades graves en el sistema de cómputo de votos, lo que desencadenó semanas de protestas masivas contra el gobierno de Evo Morales.

El 10 de noviembre, Morales renunció y abandonó el país. La segunda vicepresidenta del Senado, Jeanine Áñez, asumió la presidencia interina el 12 de noviembre de 2019 con el mandato de convocar nuevas elecciones.

El gobierno de Áñez duró nueve meses. Para el Movimiento Al Socialismo (MAS), partido de Morales y del presidente Luis Arce —quien ganó las elecciones de octubre de 2020—, lo ocurrido en 2019 fue un golpe de Estado.

Para quienes apoyaron la transición, fue la restitución de la democracia frente a un fraude electoral.

Esa fractura sigue abierta en la sociedad boliviana, y se convirtió en el terreno donde Luis Franco Terceros tendría que hacer campaña.

El padre de Franco, Eddy Luis, fue gerente general de la empresa estatal de telecomunicaciones (Entel) durante el gobierno de Áñez.

Según su familia, esos nueve meses representaron un período de gestión destacada para Entel.

Cuando el MAS retomó el poder, Eddy Luis fue procesado penalmente.

Estuvo recluido en la cárcel de San Pedro, en La Paz, convertido —según la perspectiva de su familia y de organizaciones de derechos humanos que siguieron el caso— en un preso político.

Golpista

“Pitita” me gritaban, recuerda Franco.

En Bolivia, esa palabra es una etiqueta que identifica a quienes apoyaron el gobierno de transición de 2019, y que el oficialismo utilizó como sinónimo de golpista.

En la calle, en los actos de campaña, la palabra llegaba cargada de odio: “Golpista. Que tu padre devuelva los millones de Entel”.

Los insultos verbales fueron solo el prólogo.

Poco después, recuerda Luis, cuentas anónimas en redes sociales comenzaron a publicar videos que atacaban directamente a su padre.

Las publicaciones acumulaban miles de visualizaciones. En los comentarios, el apoyo se dividía.

Luis Franco, presentando noticias.

San Pedro

Luis Franco Terceros pasó su cumpleaños, la Navidad y el Año Nuevo dentro de la cárcel de San Pedro. No como recluso: Como hijo.

Iba a visitar a su padre. Esas fechas quedaron grabadas con un filo particular, y cuando los videos de campaña sucia comenzaron a circular, las heridas que creía cicatrizadas volvieron a abrirse.

“Era una puñalada al corazón”, dice.

“Son recuerdos que traté de cerrar. Los abrieron con un video de ataque directo”.

Cuando las acusaciones sobre su padre no generaron el efecto esperado —porque muchos usuarios salieron a defenderlo— la estrategia cambió.

Aparecieron difamaciones, falsos testimonios e inventos que apuntaban directamente al joven político y estudiante de periodismo.

Sus amigos, seguidores y conocidos le reenviaban los videos con esas acusaciones. El daño ya circulaba.

La noche que se derrumbó

Durante el día, Franco intentó mantener la compostura. Se dijo a sí mismo que si los ataques arreciaban, era porque la campaña avanzaba.

Pensó en el dicho popular atribuido al Don Quijote: “Si los perros ladran, es porque vamos en el camino correcto”.

Pero esa noche se derrumbó.

Durante toda la semana siguiente no quiso salir. No comió bien. No publicó nada en sus redes. Solo quería que llegaran las elecciones subnacionales del 19 de marzo para que terminara la pesadilla.

El apoyo de su familia y sus amigos lo fue serenando, pero el daño ya estaba hecho.

“Me arrepentí de haber entrado a este laberinto sin salida”, admite Franco.

“Lo más difícil no fue lo que dijeron de mí. Fue ver a mi familia pagar el precio de algo que nunca eligió”.

El regreso

Franco no se retiró. Volvió a hacer campaña. Dice que en esos días entendió algo sobre la política boliviana: que no ingresó al proceso para construir una imagen, sino para escuchar y proponer soluciones en la ciudad donde creció.

Esa certeza, junto al sostén de su entorno, fue lo que le permitió levantarse.

Luis Franco Terceros tiene 19 años. Es estudiante de tercer semestre de periodismo. Y aprendió, antes de tiempo, que en Bolivia la política no deja intacto a nadie que se acerque a ella, ni siquiera a los que recién empiezan.

*Luis Franco Terceros es estudiante de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) de la ciudad de La Paz, Bolivia. El texto periodístico, narrado en tercera persona, está basado en su experiencia personal. 

El Hogar Villegas: la casa donde La Paz resguarda a sus hijos olvidados

*Daneyda Paola Laura De la Oliva y Sócrates Andrés Cárdenas Flores

En el silencio también se cuida, y quizás en ningún lugar eso se siente tanto como en Sopocachi, un barrio residencial de la ciudad de La Paz, Bolivia. 

La zona vive de su propio ruido: la avenida 20 de Octubre, el tráfico que no para, los transeúntes que cruzan sin detenerse. Pero hay quien encuentra ahí, entre tanta agitación, una forma de resguardo.

 Allí se levanta un edificio, el Hogar Carlos de Villegas, que custodia un secreto entre paredes despintadas, maderas viejas que rechinan al pisarlas, flores a medio cuidar y oficinas de mueblería reciclada.

Corría el año 1909. La Paz era una ciudad atrapada entre sus raíces coloniales y el ansia de modernidad. 

El abandono de infantes en las puertas de las iglesias o en los basurales de las periferias era una herida abierta, que muy pocas personas querían mirar. 

Fue entonces cuando Carlos de Villegas, un hombre de guerra, militar y político, decidió no pasar por alto lo que ocurría con los abandonos de los pequeñitos.

El 20 de junio de 1909 se constituyó el primer directorio de lo que sería la Sociedad Protectora de la Infancia.

Para Villegas no era una tarea sencilla. 

La época estaba marcada por un fuerte anticlericalismo liberal, lo que dificultaba la creación de nuevas instituciones de caridad, tradicionalmente en manos de la Iglesia Católica. 

Sin embargo, logró sumar la voluntad de damas de la alta sociedad paceña y el apoyo municipal para colocar una piedra fundamental y decirles a esos niños abandonados que no estaban solos.

Lo llamaron la Casa de la Infancia.

Sus puertas no se abrieron hasta el 12 de abril de 1914. Aquel día, la ciudad comprendió que el cuidado de los niños abandonados dejaba de ser una obra de caridad para convertirse en un compromiso social organizado. 

Con el tiempo, y tras la muerte de su mentor en 1927, el lugar fue rebautizado como Hogar Carlos de Villegas, en honor al hombre que habló por quienes no tenían voz o temían hacerlo.

En su memoria lírica, muchos lo seguirían llamando: La Gota de Leche.

Entrar al Hogar Villegas es alejarse del ruido de la urbe para sumergirse en la tranquilidad, el orden y la ternura. 

Su mecanismo más simbólico es herencia de las antiguas casas de expósitos de Europa: un torno diseñado para preservar el anonimato. 

La lógica era cruda, pero realista: era preferible que una madre dejara a su hijo en un receptáculo seguro y giratorio antes que abandonarlo en la intemperie.

Cuando el torno gira, una campana suena en el interior, anunciando la llegada de un niño. Al otro lado, una religiosa espera. Sin juicios ni preguntas, solo un par de brazos que reciben.

A los niños que llegan sin nombre se les otorga el apellido de su fundador: Villegas. 

Así se construye un linaje de ciudadanos unidos no por la sangre, sino por la protección de esta casa.

Décadas después, algunos de esos niños —ya adultos— regresan en busca de respuestas. En 2020, dos historias recorrieron redes sociales: las de Atamhi y Vicente, jóvenes que iniciaron la búsqueda de sus familias biológicas tras haber sido acogidos en Bolivia.

Vicente, encontrado en 1988 y llevado al Hogar Carlos de Villegas, fue adoptado meses después por una familia en Noruega; Atamhi, hallado en 1992 en la zona de 16 de Julio en El Alto y trasladado al mismo circuito institucional, creció en Bélgica.

Ambos difundieron sus historias en Facebook y en panfletos pegados en calles de La Paz y El Alto. “No sé mi nombre, no sé quién me dejó ahí”, decía Atamhi en un video, hoy sociólogo y doctorante en Europa. Vicente, artista visual formado en varios países, apelaba a los pocos datos de su origen para reconstruir su historia. Unidos por la experiencia de la adopción, regresaron al país para intentar cerrar un vacío común: entender quiénes fueron antes de tener un apellido, antes de pertenecer a algún lugar.

Órdenes religiosas

A lo largo de las décadas, el hogar fue administrado por diversas órdenes religiosas: iniciaron las hermanas venidas de Chile, seguidas por las Hijas de Santa Ana y posteriormente por las Religiosas del Amor de Dios. 

Cada congregación dejó su sello en la educación, el cuidado y el afecto hacia los menores.

Hoy, el hogar ya no es solo un dormitorio. Es una pequeña ciudad dividida en cuatro etapas de vida: las Lactantes, los Kinderitos, los Escolares y los Universitarios.

Las Lactantes concentran el cuidado de bebés: el aire huele a talco, pañales y leche tibia; 18 cunas sostienen los sueños de quienes recién llegan al mundo. Los Kinderitos viven la etapa del juego y el descubrimiento, entre jardines multicolores y patios que se convierten en escenarios de primeras aventuras.

Es 1969 y una monja recibe a un bebe en el Hogar Villegas en el momento en que fue abandonado. El cilindro giratorio daba a la calle. Fotografía de Alfonso Bedoya Ballivian, publicada en Facebook.

Los Escolares ya cargan mochilas y aprenden que el estudio será su pasaporte hacia la ciudad.
Y los Universitarios atraviesan la etapa más conmovedora: la salida al mundo. El hogar no suelta su mano. 

Al cumplir 18 años, quienes deciden estudiar reciben apoyo mediante becas en universidades como la Salesiana o institutos técnicos.

¿Cómo ha sobrevivido una institución durante 116 años?

La respuesta está en una mezcla de resiliencia y solidaridad paceña.

En sus inicios, el hogar se sostenía con aportes del Tesoro Departamental y cuotas de “socias cooperadoras”. 

Hoy, el panorama es distinto. La institución funciona principalmente gracias a donaciones particulares: familias que llevan ropa y alimentos, instituciones como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, convenios con universidades, centros de salud, kermesses, rifas y colectas que movilizan a Sopocachi.

El apoyo estatal existe, pero es limitado, a través de coordinaciones con el Servicio Departamental de Gestión Social para casos de abandono o maltrato.

Recorrer los pasillos del Hogar Villegas es entender que la historia de La Paz también se escribe en las sábanas de un orfanato. Es recordar a los niños que llegaron durante la Guerra del Chaco, a los que sobrevivieron a crisis económicas.

En sus instalaciones también se cuenta, generación tras generación, la historia de la Madre del Soldado: Ignacia Zeballos.

Dicen que todo comenzó con un acto de rebeldía y amor en medio de la Guerra del Pacífico. Zeballos no vio soldados: vio hijos. 

En Antofagasta, mientras otros pensaban en estrategia militar, ella pensó en el hambre y la soledad.

Al volver a La Paz, comprendió que la verdadera guerra continuaba en los hogares donde los niños quedaban sin protección. Esa convicción impulsó la creación de la Sociedad de Auxilios de Señoras de La Paz.

El nacimiento del Hogar Villegas no fue solo la inauguración de un edificio. Fue la decisión de mujeres de asumir la asistencia social cuando el Estado no daba abasto.

Apoyo

Durante décadas, el hogar se sostuvo con monedas, con kermesses, con donaciones de vecinos del barrio de San Pedro, con gente que, sin tener mucho, sentía que esos niños eran suyos.

Quizá por eso, en el Hogar Villegas la palabra familia no siempre se escribe con los mismos apellidos. 

Algunos se van lejos, cruzan océanos, aprenden otros idiomas y crecen en culturas distintas. Pero el origen, ese punto ciego en la memoria, permanece. A veces vuelve en forma de pregunta, de búsqueda, de necesidad de saber.

Porque aunque la casa entregue un nombre, una cama y una oportunidad, hay algo que no puede completar: la historia anterior. Y es en ese vacío donde nacen historias como las de Atamhi y Vicente, que regresan no solo a un país, sino a una pregunta.

En ese sentido, el Hogar Carlos de Villegas no solo protege vidas: también guarda comienzos. 

Algunos se quedan, otros parten, pero todos comparten un mismo origen silencioso. 

Un linaje que no está marcado por la sangre, sino por el gesto de haber sido recibidos cuando nadie más estaba allí.

* Daneyda Paola Laura De la Oliva y Sócrates Andrés Cárdenas Flores son estudiantes de sexto semestre de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo de La Paz, Bolivia.

Listas, amenazas y miedo: el periodismo boliviano en tiempos de crisis

*Esteban Castellón Arana

“Listas negras circulaban” con nombres y direcciones. No era un rumor. Era un documento que señalaba casas, ubicaba familias y marcaba periodistas.

En esa lista estaba Daniel Castellón, periodista con más de dos décadas frente a cámaras.

Castellón entendió en 2019 que informar podía tener consecuencias que iban más allá de la pantalla. Su nombre, en redes sociales y panfletos, aparecía junto a la dirección de su hogar.

“Había una lista de periodistas opositores con sus respectivas ubicaciones. Entre ellos estaba mi nombre con la ubicación de donde vivíamos. El constante miedo de que en cualquier momento se metan a la casa escalaba poco a poco”, recuerda.

El contexto era el país en ebullición. Venía arrastrándose la tensión desde el referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando la población rechazó la reelección indefinida. 

En octubre de 2019, las elecciones generales derivaron en denuncias de fraude, protestas masivas y una crisis política que terminaría con la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre.

Antes de eso, Castellón ya había sentido el primer golpe. Fue desvinculado de ATB, una red nacional, donde trabajaba como presentador. No hubo cuestionamientos a su desempeño. 

Según su testimonio, pesó su imagen pública en un año electoral.

Luego llegó Red Uno, otra cadena nacional influyente. Y con ella, uno de los momentos más tensos del periodismo reciente en Bolivia.

Las calles estaban tomadas. Las posiciones, radicalizadas. Y los periodistas, en medio.

El miedo dejó de ser una idea abstracta cuando la violencia tocó de cerca. 

La experimentada Casimira Lema, colega de Castellón, sufrió un ataque directo: un grupo radical y violento incendió su casa.

No fue un caso aislado. Durante esos días, otros periodistas también quedaron expuestos. 

La periodista Ximena Galarza, conductora de un programa en La Paz, fue amenazada por grupos movilizados que la señalaban por su línea editorial. 

Las acciones no se limitaron a consignas en la calle: incluyeron hostigamiento directo, amenazas de muerte y la necesidad de resguardarse. 

En paralelo, reporteros de distintos medios denunciaron agresiones mientras cubrían protestas, con equipos dañados o retenidos y restricciones para realizar transmisiones en vivo.

El clima de persecución también alcanzó a figuras públicas vinculadas a la defensa de derechos humanos. 

El expresidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, Waldo Albarracín, denunció la quema de su domicilio en medio de la escalada de violencia. 

En ese escenario, la exposición mediática se traducía en riesgo físico concreto. 

La cobertura informativa dejó de ser solo una tarea profesional para convertirse, en muchos casos, en una actividad de alto riesgo personal.

“Fue un tiempo muy duro, porque no sabía si al día siguiente mi familia estaría bien y nadie los lastimaría”, dice Castellón, recordando aquel episodio.

No era paranoia. Era contexto.

Entre octubre y noviembre de 2019, Bolivia registró al menos 37 muertes en medio de la crisis, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 

En paralelo, se multiplicaban las agresiones a periodistas: amenazas, golpes, equipos retenidos, medios atacados.

En ese escenario, informar no solo implicaba contar lo que pasaba. Implicaba exponerse.

El experimentado periodista boliviano Daniel Castellón.

Periodismo bajo amenaza

Lo que vivió Castellón no es un caso aislado. Es parte de una tendencia más amplia.

En el mundo, ejercer el periodismo se ha vuelto cada vez más riesgoso. 

En los últimos años, cientos de periodistas han sido asesinados mientras hacían su trabajo. Otros han terminado en prisión, acusados de delitos que van desde difamación hasta amenazas a la seguridad del Estado.

América Latina aparece de forma recurrente en ese mapa de riesgo.

En Bolivia, las agresiones también tienen registro: amenazas, intimidaciones, ataques físicos, presión a medios. 

Ocurren en coberturas de protestas, en investigaciones sobre corrupción o narcotráfico, o en medio de disputas políticas.

No siempre dejan titulares. Pero marcan la práctica diaria.

En medio de ese escenario, el periodista no solo enfrenta riesgos externos. También carga con una responsabilidad que no admite descuidos.

Informar no es solo contar. Es verificar.

El margen de error es mínimo. Y las consecuencias, altas.

Una información mal manejada puede derivar en procesos judiciales, sanciones o daños irreparables a personas. Pero también puede erosionar algo más difícil de recuperar: la confianza.

Los riesgos de informar

Los peligros son diversos y, muchas veces, simultáneos.

Castellón vivió uno de esos niveles: la amenaza directa. Saber que su casa estaba identificada, que su nombre circulaba como objetivo.

“Eso cambia la forma de ejercer el oficio”, asegura.

Y agrega: “Ahí aparece el dilema”.

¿Hasta dónde exponerse? ¿Qué tanto arriesgar para conseguir información? ¿Dónde está el límite cuando la familia también entra en la ecuación?

No hay respuestas únicas. Pero sí una constante: el periodista decide en tiempo real.

Salir a cubrir una protesta. Permanecer en el lugar o retirarse. Publicar o esperar. Mostrar o resguardar.

Cada decisión tiene costo.

En Bolivia, además, muchos medios no cuentan con protocolos claros de seguridad. La protección suele depender más de la experiencia individual que de estructuras institucionales.

En Bolivia, la credibilidad en los medios ha caído en los últimos años. Influyen la polarización, la desinformación y también los errores del propio periodismo.

Hoy, informar rápido compite con informar bien.

Y en ese cruce, el periodista vuelve a lo esencial: verificar, contrastar, sostener el dato.

“Su mayor activo es la confianza de la gente”, resume Castellón. 

Y esa confianza —dice— solo se mantiene siendo valiente ante los riesgos y responsable ante la verdad.

El experimentado periodista decidió contar su historia años después, cuando —según su propio testimonio— las condiciones habían cambiado y el riesgo inmediato había disminuido. 

La circulación de listas, las amenazas directas y el clima de hostilidad que marcaron la crisis de 2019 comenzaron a disiparse tras las elecciones de 2025, en un escenario político distinto al que siguió a la salida del poder de Evo Morales, primero, y de Luis Arce, después.

Solo entonces, en un escenario que percibe como más democrático y con menor presión directa sobre su seguridad personal y la de su familia, el periodista optó por reconstruir públicamente lo vivido, como una forma de dejar registro de un periodo en el que informar implicaba, también, sobrevivir.

*  Esteban Castellón Arana es estudiantes de tercer semestre de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo de La Paz, Bolivia.